“Solo él no ha tenido posteridad (a
diferencia de sus hermanas y hermano), porque su esposa murió muy
temprano y él no ha vuelto a casarse, pero que no se crea sea estéril o
infecundo, porque tiene pruebas del contrario”. El extracto pertenece al
Diario de Bucaramanga, escrito por Luis Perú de La Croix en referencia a
Simón Bolívar, Libertador y presidente de la Gran Colombia.
Para 1828, fecha de la redacción del Diario, el mismo Bolívar reconocía que no era estéril.
Luego de 188 años sale a la luz pública
la primera comprobación de la paternidad del caraqueño sobre el hijo de
María Juaquina Costas, José Antonio Costas. El documento, ubicado en
Bolivia, ha echado por los suelos la hipótesis de la infertilidad del
líder militar y político venezolano del siglo XIX.
Panorama conversó con una de las descendientes del Libertador, Teresa Campos Costas, y con el periodista e historiador Juan José Toro. Vía telefónica desde Potosí, ambos explicaron la confirmación del vínculo entre Bolívar y la potosina Costas, que le dio vida a José Antonio.
“Ya desde el 2012, con el hermano de mi
madre, decidimos emprender la investigación en detalle, porque la
existencia del hijo del Libertador en Potosí era un secreto a voces”,
contó. Teresa, que trabaja en un programa de rehabilitación de áreas
históricas en la ciudad boliviana. “Ya desde la celebración del
centenario de la República de Bolivia se había empezado a mencionar el
hecho, y con un poco más de fuerza en la celebración del
sesquicentenario. Mi familia siempre estuvo consciente de que en sus
venas corría sangre del Libertador, pero de que era oportuno empezar a
reunir la documentación y la sistematización de toda la información que a
lo largo del tiempo se ha ido generando, y fundamentalmente de los
relatos que pasaron de generación en generación”.
Campos Costas es hija de una tataranieta del general Bolívar, Fanny Primitiva Costas.
“Yo escuché relatos durante mi niñez”,
rememora la también licenciada en Administración de Empresas. “En 1975
recibimos a un periodista venezolano, Ciro Medina. Estuve acompañando a
mi madre y a mi abuelo, Elías Costas, cuando les hizo la entrevista. Mi
abuelo es el que desempolvó la historia con mucho más detalle, la
relación entre Simón Bolívar y Juaquina Costas”.
En 1825, borrado de Suramérica el poder
español, Bolívar consolidó la unidad de Venezuela, Nueva Granada y
Ecuador bajo el nombre de Colombia. Perú se encontraba bajo la dictadura
del caraqueño y el entonces Alto Perú recibió el nombre de República
Bolívar, hoy Bolivia.
El Libertador, junto con su
lugarteniente Antonio José de Sucre, llegó a Potosí, donde izó las
banderas de las repúblicas liberadas. Era significativo el momento: del
Cerro Rico salieron toneladas de plata para el Imperio español, desde
los tiempos de la Colonia. Ahora Suramérica decidiría su destino.
En ese momento, las disensiones entre
los bolivianos y las fuerzas libertadoras iban creciendo. Y Juaquina
salvó al líder de un atentado, como en su momento lo haría la quiteña
Manuela Sáenz en Bogotá.
Narra Teresa: “Ella le dijo al oído, en
el momento que le iban a colocar una guirnalda de oro y piedras
preciosas en el Cerro Rico de Potosí, en el actual Templo de la
Victoria, ‘Libertador, cuídese, quieren asesinarlo’. Esa frase despertó
la curiosidad en Simón Bolívar, que luego buscó reunirse con ella.
Precisamente se comprobó que existía ese plan, la noche de la ascensión
al Cerro de Potosí. Él la buscó y empezó el romance. Nueve meses más
tarde, en julio de 1826, nace José Antonio Costas. En la entrevista que
Don Ciro Medina le hizo a mi abuelo le preguntó por qué no llevaba el
apellido Bolívar. Es que precisamente, Bolívar, conocedor del hijo
recién nacido, temía por su vida, porque tenía muchos enemigos”.
Juaquina estaba casada con Hilarión de
la Quintana. Ello no fue impedimento para entregarse al hombre más
poderoso del momento. De allí, nació José Antonio.
Pero todo era tomado como un rumor. Hasta que apareció el documento que le daba base a la paternidad.
El historiador Toro explica que “con el
fin de tener la mayor información posible, empecé a investigar sobre el
tema y contacté al historiador argentino Guillermo Carlos Delgado
Jordan, con quien trabajamos en conjunto sobre María Costas, casada con
Hilarión de la Quintana. Lo que logramos establecer es que Simón
Bolívar tuvo varias amantes identificadas y al menos una veintena de
hijos, pero solo un caso documentado: el hijo de Potosí”.
No solo en Bolivia dejaría hijos el
Libertador: en Nueva Granada y en Venezuela también, pero solo Costas
está confirmado legalmente.
“La prueba es una partida de matrimonio
de José Costas con Pastora Argandoña en ‘artículo mortis’, es decir, que
decidió casarse antes de morir”, señala el periodista Toro. “Al
momento de casarse declara que sus padres fueron María Costas y Simón
Bolívar. Aquí cabe hacer notar lo siguiente: el matrimonio se celebra en
el año 1895, por lo tanto la partida es de ese año. No existía aún el
Registro Civil, que entra a funcionar desde 1941. Todas las escrituras
notariales y las partidas eclesiales emitidas hasta 1940 tienen plena
validez para la legislación boliviana. La partida de matrimonio de José
Costas con Pastora Argandoña es un documento original, una partida
original que se conserva en el libro de matrimonios del archivo
parroquial del pueblo de Caiza, a 60 kilómetros de Potosí”.
Aparecen ambos padres como españoles.
“Era la costumbre: poner español a una persona de raza blanca, o no
indígena, o no negra o no mestiza”, indica Toro. “La prueba es que
nosotros tenemos otras partidas donde se lee lo mismo: contamos con la
partida de matrimonio de Felipe Hilarión de la Quintana Costas, hijo de
Hilarión de la Quintana y de María Costas, pese a que nació en Tucumán
le pone el cura que es español de Potosí. El cura de Arequipa hizo lo
mismo que el de Caiza, es para hacer notar que no es indígena el que se
está casando”.
Tanto Teresa Campos Costas como Juan
José Toro están en la búsqueda de un dato que cerraría completamente la
filiación: una carta enviada por Bolívar a Juaquina en la que reconocía
la paternidad. Esta misiva estaría en manos de un venezolano, Rufino
Loscher Blanco, pero no han logrado contactarlo ni a él ni a sus
descendientes en Caracas.
“Se trató de hacer comunicaciones a
través de mi familia y del ministerio de Relaciones Exteriores de
Bolivia, pero lamentablemente no hemos podido tener una comunicación
directa con él”, acota la descendiente del Libertador. “Desde la época
del 90, un tío estuvo en Venezuela tratando de ubicar a la descendencia,
pero sin mayor éxito. Solo tenemos que la dirección de Loscher Blanco
era apartado 50391, Sabana Grande, Caracas-Venezuela”.
Pero más allá de eso, la filiación
existe y se encuentra comprobada gracias al documento de Caiza. Para
Teresa “es un privilegio ser descendiente de un personaje tan notable.
Cada vez que leo más sobre él, sobre su vida y su actuación, él como
Libertador y no conquistador, siento un mayor honor”.



