1.
La actuación protagónica de nuestro gran histrión de teatro, el peruano
Roberto Moll, es memorable. Toda una tragedia isabelina de traiciones,
ambiciones y visiones cobra en este actor, una experiencia trascendente,
más si viene hecha por alguien que hizo con Carlos Giménez "Bolívar",
"La muerte de García Lorca", "El Señor Presidente", "La Charité de
Vallejo" y otras maravillas. El genio de Roberto Moll es indiscutible y
lo recordaremos por siempre tal como recordamos a Cosme Cortázar por
"Jericó" y a "Rafael Briceño" por "Gómez". Los aportes del teatro al
cine y la televisión son incontables aquí y en el mundo entero.
2.
La dirección de Arte, los efectos especiales y el realismo mágico que
se imprime en la película es contundente y preciso. La mirada
esperpéntica que marca Román Chalbaud en gran parte de la película, no
sólo es un homenaje a Valle-Inclán, nuestro gran desconocido teatral,
sino que cada locación posee una mirada escenográfica. El paisaje se
funde con los decorados interiores y en muchos casos las miniaturas se
llenan de grandilocuencia. Una proeza.
3.
El guión de Luis Britto García no escatima ironías, parodias y
semejanzas con nuestra realidad más cercana. Los chispazos a la
injerencia de las grandes potencias se hacen a "rajatabla" y la
locuacidad de los personajes, hasta los más efímeros, son un toque de
"abrapalabra". No se puede esperar más. Cada mirada de Moll está llena
de literatura y cada guiño de los personajes secundarios son pura
poesía. Qué decir de José Gregorio Hernández, una mirada totalmente
nueva, entre el milagro y el compromiso.
4.
Muchas de nuestro teatro secundan al líder Roberto Moll, inolvidable
Rajatablino. Ellas son Aura Rivas, Antonieta Colón y Juliana Cuervos,
entre varias. Y entre ellos, una gran mayoría, destaca el Rajatablino
Pedro Pineda, el Tetiano Ludwig Pineda, el Duendiano Vito Lonardo y el
polifacético Antonio Cuevas. Mención aparte Laureano Olivares, que no
por más cinematográfico es más consecuente.
5.
Ver la ciudad Patrimonio de la Humanidad de Coro, nuestos cielos
llaneros, la Calle de los Lanceros de Puerto Cabello, la Casa Amarilla y
en especial nuestro mar Caribe, es una magia que agradecen los ojos....
y el alma. Román Chalbaud ha vuelto nuestro paisaje urbano y
naturalista en un clásico. La tradición a cada paso y lo sagrado
corporizado en lo obsceno. El "enfant-terrible" de nuestro cine, el
"pandemonium" de nuestro teatro y la...."oveja negra" de nuestra
televisión...Una trilogía que siempre agradeceremos.
6.
A 50 años del estreno de la obra "El Pez que Fuma" pensar que teatro e
historia se funden en Román Chalbaud no es nada nuevo. Pero qué
vitalidad de pensamiento, qué movimientos de cámara, que montaje certero
y qué luz.
7.
Uno de nuestros grandes compositores de teatro y ópera, Federico Ruiz,
se destaca otra vez con una música orquestada para brillar en decorados
naturales y humanos y sobre todo para mezclarse con propiedad con
algunos de los grandes hitos de nuestra música popular como valses,
guasas y el comienzo de nuestra música cañonera: nunca más explícita con
tanto "fuego al cañon".
8.
Los aspavientos binacionales entre Colombia y Venezuela parecen sacados
de nuestros grandes diarios amarillistas del momento. Los
comportamientos de presidentes, ministros, banqueros, periodistas y
politiqueros, son un fiel reflejo de los manotazos asambleistas. El
recorrido por el Salón Elíptico es....Apocalíptico.
9.
El rescate de uno de nuestros grandes manifiestos políticos hecho por
un esmerado Cipriano Castro para arremeter contra "la planta insolente"
tiene momentos tan excelsos como "la carta a Jamaica" o "el delirio
sobre el Chimborazo", en todo caso la similitud entre Bolívar y Castro,
nunca fue tan reveladora.
10.
Segunda película sobre "El Cabito" . Sólo Bolívar y Reverón han tenido
tanta imaginería cinematografica en nuestro país. Insoslayable. Una
bioépica tragicómica, profética, paródica y agónica que sólo se puede
explicar con puro Teatro. Enhorabuena.
