Si, la cosa está en fase de extremada ladilla. Pajudos y locas en la
calle deambulando con órdenes que corren por las redes. Unas se cagan en
plena vía donde se montan plantones; otras muestran sus tetas o sus
culos, otras balbucean en todas las escalas de la imbecilidad como
perras envenenadas y agresivas; otras rezan en los templos pidiéndole a
Dios que se mueran los chavistas; otras se visten de blanco o de negro;
muchas están pendientes de los celulares para saber a qué hora deben
salir a trancar las calles o avenidas, o cacerolear. El derrape de la
vulgaridad los tiene en un grado de catatonismo delirante: maldicen, se
ahogan con sus cegueras y odios, lloran y dicen por doquier: “Estoy
arrecha(o)”.
Ojo: en el fondo son asesinos en potencia, y se creen con el derecho a
matar y seguir siendo inocentes a mansalva; a salir a quemar, destruir,
saquear, sabotear y seguir siendo católicos muy puros que nunca han
pecado y que nunca pecarán.
Son sádicamente inocentes, macabramente
inmaculados e infinitamente hijos de puta que nunca sabrán lo que hacen
ni para qué vinieron a este mundo.
Ahora bien, ¿qué pienso yo de toda esta jauría de locos
traslúcidamente incólumes, desalmadamente virginal y salvaje? Bueno,
bueno, que en el fondo de todos los fondos no me preocupa tanto lo que
van a lograr. Como perfectas veletas dentro de muy poco pueden cambiar
de opinión y decir; “Ay, coño de la madre, yo estaba equivocada (o)”.
“Ay, coño de la madre, yo sí era bruta (o)”.
La oposición, como dicen los gringos, no está preparada para
gobernar. Está preparada sólo para eso, para gritar y trancar calles
como energúmenos. Para profanar tumbas, asesinar, quemar y luego salir a
decir que son los colectivos.
Los opositores en grado máximo dan
lástima porque no saben lo que quieren, porque nacieron sin madre ni
padre y sin patria. No es libertad lo que quieren, evidentemente. No
tienen suficiente formación para entender de política, para luchar, para
buscar un rumbo propio desde nuestra historia, desde lo nuestro, desde
lo que somos y hemos sido. Son unos lastimosos amargados y
desorientados, unos caprichosos y malcriados, pobre gente sin destino y
sin cultura ninguna. Ellos por sí mismos no podrán hacer nunca nada, lo
cual a la vez significa que son peligrosos por la enorme estupidez que
les domina.
Respondiendo al mandato de lo que ordenan las redes, te
pueden agredir, atormentar con las perolas en sus cacerolazos, te pueden
incluso matar (que sería lo menos doloroso). Pero más nada pueden
hacer. Gritan, chillan, maldicen, trancan, guarimbean, queman estaciones
del metro o del trolebús, y luego se van tranquilazos para sus casas,
pero hasta ahí. De esas cosillas nunca pasarán, hasta ahí les llega sus
miserables ocupaciones. Tienen el coeficiente intelectual de un Freddy
Guevara, de un Ramos Allup o de un Julio Borges. Pero más nada. Eso es
todo, y aunque sus locuras son en cierto modo peligrosas por todo el
daño que se hacen a sí mismos, hasta ahí llega el grado de sus locuras…
