Ahora que estamos nuevamente en tiempos constituyentes y el debate
sobre los modelos económicos y sociales se potencia, viene muy bien
revisar varios de los mitos más arraigados y peligrosos sobre la
economía venezolana. Mitos que en líneas generales tributan al
pensamiento ortodoxo y de derechas, pero que han sido asimilados
indolentemente por más de un sector de izquierda incluyendo la
gubernamental a todos los niveles. En este excelente texto en exclusiva
para 15 y Último, Pasqualina Curcio da cuenta de los mismos y
quedamos a la espera de la segunda entrega. ¿Pensaba que lo sabía todo y
estaba muy claro sobre la economía venezolana? Pues lea este texto a
ver si estaba en lo correcto.
Muchas historias nos han contado acerca de la economía venezolana, ya
forman parte de la cultura popular, tanto, que las repetimos y
repetimos hasta el cansancio. En estos momentos de convocatoria a un
diálogo amplio del pueblo, quizás sea importante visibilizar las líneas
que dividen lo real y lo fantástico en esos cuentos que desde pequeños
nos han echado.
Hemos seleccionado algunos de ellos. Aquí los narraremos nuevamente,
pero con otras versiones. Ofrecemos al lector una mirada más real y
menos fantástica. Nuestras versiones las hemos ilustrado con gráficos y
números.
1. Venezuela es un país monoproductor. Propios y extraños
suelen contar que en Venezuela solo se produce petróleo. Las cifras que
publica el Banco Central de Venezuela muestran lo contrario. En
promedio, del total de la producción nacional [1], el 84% corresponde a la actividad no petrolera, mientras que la diferencia, el 16%, es producción petrolera.
En el marco de la producción no petrolera, la manufactura ocupa el
primer lugar con el 21%, le siguen los servicios prestados por el
Gobierno General con 15,6% (estos incluyen salud, educación, orden
público, seguridad y defensa, protección social); luego los servicios
inmobiliarios con 13,2%; el comercio y servicios de reparación que
representa el 12,6%; la construcción 8%; los servicios comunitarios 7%;
la agricultura, ganadería y pesca el 6,4%; las comunicaciones 5,9%; el
transporte y almacenamiento 4,6%.
Visto de esta manera, no somos un país monoproductor como siempre nos
han contado. Sin embargo, lo que sí caracteriza a la economía
venezolana, y que también forma parte de esta historia, es su condición
monoexportadora. Alrededor del 90% son por concepto de petróleo.
Exportaciones que realiza el sector público a través de la empresa
Estatal Petróleos de Venezuela.
Lo relevante de esta versión de país monoexportador es la lectura o
interpretación que podamos hacer, y en ese sentido, quizás el problema
no radica en el hecho de que exportemos petróleo, mucho menos en el
hecho de que lo haga el sector público, sino que quizás, el problema
radica en el bajo desempeño de un sector privado, el cual, aunque
siempre lo describen como muy eficiente, ha exportado, históricamente y
en promedio, menos del 10% del total.
El 10% de exportación no petrolera ha estado conformado por la venta
de productos minerales (26%); de las industrias químicas (45%);
plásticos y cauchos (3%) y metales (10%) todos producidos por el sector
público [2]. La exportación del sector privado no supera, en promedio, el 1% del total.
2. No producimos lo que comemos. En una narrativa repleta de
fantasía nos han dicho que todos los alimentos que comemos los
venezolanos son importados. En palabras coloquiales: el venezolano ni
siquiera produce lo que come.
Nada más alejado de la realidad. Del total de los alimentos
disponibles, el 88%, en promedio, lo han producido nuestros campesinos,
ganaderos y pescadores en tierras y mares venezolanos, el 12% restante
ha sido y sigue siendo importado. [3].
En Venezuela se produce el 99% de las raíces y tubérculos que se
consumen, el 92% de los azúcares, el 97% de las hortalizas, el 92% de
las carnes, el 99% de los huevos, el 98% de las frutas y de la leche, el
90% de los estimulantes (café y té). El 63% de los cereales son
producción nacional. En este rubro, la importación que se registra es
principalmente la del trigo en un 100% y la cebada malteada también en
un 100%, la cual es utilizada para la producción de la cerveza, estos
rubros no pueden ser producidos en Venezuela por no contar con las
condiciones climáticas requeridas. El 91% de las leguminosas (caraotas,
frijoles, lentejas) que consume el venezolano es importado, rubro que
puede ser perfectamente producido en tierras venezolanos. También se
importa el 53% de las grasas, específicamente la soja.
Quizás algunas de estas historias han servido de excusas a los
grandes capitales, especialmente los que concentran la producción
agroindustrial, para solicitar al Estado cada vez más divisas a tasa
preferencial con el argumento de que si no tienen acceso a ellas, no
podrán importarlos y por lo tanto la población padecerá hambre. También
han servido para justificar el endeudamiento privado y su reconocimiento
y pago por parte del Estado.
Les contamos, además, que el 50% de la producción total de alimentos
procesados en la agroindustria está concentrado en el 10% del total de
empresas privadas [4]. En otras palabras, la producción de alimentos procesados en Venezuela se encuentra monopolizada.
A pesar de que a veces esto no se cuenta, constituye una de las
principales debilidades del modelo económico de producción en Venezuela,
no solo por los efectos perversos que por naturaleza muestran los
monopolios en lo que a fijación de precios y cantidades se refiere, sino
sobre todo al hecho de tener que depender de unas pocas empresas que
producen, importan y distribuyen un bien tan estratégico como lo es el
alimento del pueblo, situación que potencia el poder de coacción que
pueden ejercer estas empresas, sea por intereses económicos o por
intenciones políticas, tal como ha ocurrido los últimos años en
Venezuela.
La principal enseñanza de esta historia es la diferencia entre la seguridad y la soberanía alimentaria.
3. El sector público es improductivo. Cuentan
también que el sector público no produce nada. Al desagregar el total
de la producción por sectores institucionales, es decir, entre el
público y el privado, nos damos cuenta de que, en promedio, el 34% del
producto interno bruto ha sido público y el otro 66% es privado.
Las actividades del sector público en Venezuela incluyen
principalmente la petrolera, los servicios prestados por el gobierno
(salud, educación, transporte, defensa, orden público, seguridad,
protección social), la electricidad, el agua, la minería.
Los últimos cuatro años, a pesar de la disminución de los precios del
petróleo, factor determinante de los niveles de producción en
Venezuela, y a pesar de las agresiones económicas contra el pueblo
venezolano, en las que han sido utilizados mecanismos como por ejemplo
el bloqueo financiero internacional y la inflación inducida mediante la
manipulación del valor de la moneda en el mercado ilegal, la producción
en el sector público registró un aumento.
La producción del sector público ha aumentado de manera sostenida
desde 2003, incluyendo 2009, año en el que se registró una caída del 34%
del precio del petróleo. Sin contar la actividad petrolera, la
prestación de servicios por parte del gobierno general ocupa el segundo
lugar de la producción después de la actividad manufacturera.
4. El sector público, contrario al privado, es ineficiente.
Dicen que el Estado es ineficiente, es decir, en el sector público los
trabajadores ganan un salario sin hacer nada o en el mejor de los casos,
hacen poco. En cambio, las empresas privadas siempre son eficientes.
Por definición, se es eficiente cuando se produce más con menos
recursos. [5]
Esta historia capital y también del capital es la que ha servido para
sustentar el argumento de que el Estado no debe intervenir en la
economía.
En Venezuela, en promedio, la productividad laboral en el sector público, incluyendo la actividad petrolera [6], ha sido 2,5 veces mayor que la del sector privado [7]. Desde 1997 y hasta 2015, cada trabajador público produjo 8,07 millones de bolívares anuales [8], mientras que cada trabajador privado produjo 3,25 millones.
Excluyendo de los cálculos la actividad petrolera obtenemos que la
productividad laboral en el sector público no solo sigue siendo 1,31
veces mayor que en el privado, sino que además, desde 2006 ha mostrado
un aumento de 44%, pasando de 3,5 millones de bolívares anuales por
trabajador a 5,1 millones [9]. En cambio la productividad laboral del sector privado disminuyó 14% durante el mismo período.
Estos resultados permiten reivindicar a algunos personajes de esta
historia, nos referimos a los trabajadores del sector público: a los
obreros de las empresas públicas; a los médicos; enfermeras; camilleros;
bioanalistas; maestras de escuelas; a los que nos desempeñamos como
profesores universitarios; los ingenieros y técnicos de mantenimiento de
los servicios eléctricos, telefónicos y de agua; el personal de
mantenimiento y limpieza; los que se ocupan de limpiar las calles y de
recoger los desechos; los comunicadores; los conductores del metro, de
los buses; los miembros de la policía; los integrantes de la Fuerza
Armada Nacional Bolivariana; los bomberos; los que están en el servicio
diplomático; los trabajadores de la administración pública; los que
administran justicia; los cocineros que preparan la comida a los niños
que asisten a las escuelas; los músicos de las orquestas sinfónicas; los
entrenadores deportivos; los guarda parques; los que están en los
puertos y aeropuertos, quienes administran los procesos electorales, y
hasta algunos diputados, en fin, todos los que desde el sector público
comenzamos muy temprano la jornada diaria.
5. Solo producen las empresas privadas. Es un clásico que
cualquier modo de producción distinto al privado tiene menor capacidad
de producir, no solo refiriéndose al Estado, sino también a los
servicios comunitarios, a las cooperativas y a las comunas.
Es el caso que desde 1999 y hasta 2015, el producto interno bruto
total en Venezuela aumentó 43%. Después de las actividades financieras y
de comunicaciones, la que registró mayor aumento durante ese período
fue la de servicios comunitarios y sociales. En cuarto lugar está la
producción de servicios del gobierno general. Las actividades agrícolas,
ganaderas, manufactureras, comerciales y de transporte, principalmente
en manos del sector privado, aunque también registraron aumentos desde
1999, estos han sido de menor magnitud.
Al parecer, no solo los modos de producción privados tributan a la
generación de valor agregado en la economía. La propiedad estatal, como
ya contamos, no solo ocupa el segundo lugar de mayor producción, no solo
ha crecido los últimos años a pesar de la caída del precio del
petróleo, sino que además muestra una alta productividad laboral. La
producción de propiedad social ha sido una de las actividades económicas
que registró mayor aumento los últimos años y por lo tanto contribuyó
en mayor medida al producto interno bruto.
El reconocimiento constitucional de otros modos de producción que
acompañen el ya establecido modo privado, constituiría un avance
importante en la democratización de la producción y en la disminución de
la dependencia de pocas, pero muy grandes empresas que en muchos
sectores monopolizan la producción, importación y distribución de bienes
y servicios.
6. A partir de 1999 cayó la producción privada.
Cuentan en las calles y especialmente en algunos medios de comunicación
que desde 1999 fue desmantelada la empresa privada, que las políticas
económicas enmarcadas en un modelo de igualdad y de justicia social han
generado desconfianza y desincentivo a los inversionistas. Completan el
cuento diciendo que los controles de precios, el control del mercado
cambiario y la supuesta falta de divisas les ha impedido producir.
Es parte de la ficción: la producción en el sector privado aumentó en promedio 35% desde 1999.
Todas las actividades económicas en manos del sector privado
registraron incrementos. Por ejemplo, la actividad de las instituciones
financieras y de seguros, principalmente privada, aumentó 375% durante
el mismo período; el comercio, 64%; el transporte y almacenamiento, 46%;
las comunicaciones 332%; la agricultura, ganadería y pesca, 27%; la
manufactura, 12%; servicios inmobiliarios, 50%.
Adicionalmente, no solo ha aumentado el producto interno bruto del
sector privado, la tasa de rentabilidad del capital ha registrado un
incremento sostenido desde 2003, ubicándose para el año 2008 [10] en los niveles históricos más altos desde 1970, es decir, 22%.
Quién sabe, quizás quienes repiten esta historia, lo hacen para
justificar la vuelta a un modelo económico neoliberal en el que no se
controlen los precios de los bienes esenciales producidos por grandes
monopolios, o que se congelen los salarios, o se privaticen los
servicios públicos, o para que, los pocos dueños de grandes capitales,
incluyendo el sistema bancario y financiero se apropien de las divisas
obtenidas por la exportación de petróleo.
7. No se produce porque el gobierno expropió todas las empresas privadas. El mito de que el gobierno expropió casi todas las empresas privadas es otro de los que desde hace algunos años se escucha.
De las 28.222 unidades económicas correspondientes a la actividad
industrial, solo el 1,2% está en manos del sector público, es decir,
363, mientras que el 98,71% restante pertenece al sector privado. En
cuanto a las unidades económicas relacionadas con la actividad del
comercio, el sector público cuenta con 294 de las 243.444 totales, es
decir, solo el 0,12%, el 99,87% restante de las unidades
correspondientes a esta actividad pertenecen al sector privado. De la
misma manera, la actividad servicios corresponde en 0,88% al sector
público, es decir, 943 unidades de las 111.333 totales, el resto
pertenecen al sector privado. [11]
Lo contaremos en la próxima entrega.
Notas y referencias
[1] Se utiliza el producto
interno bruto, indicador que mide todos los bienes y servicios que se
producen en una economía en un período determinado, por lo general en un
año.
[2] Instituto Nacional de
Estadística. Sistema de Consulta de Comercio Exterior. Cifras
disponibles desde 1950. Hemos tenido acceso a la información desde 1980.
[3] Son datos de la Hoja de
Balance de Alimentos, instrumento utilizado desde 1950 por el Instituto
Nacional de Nutrición para mostrar la información de la disponibilidad
de alimentos (producción, importación y exportación).
[4] Cifra correspondiente al
año 2011, tomado de la Encuesta de Grandes Empresas Industriales de
diciembre de 2013, publicada por el Instituto Nacional de Estadística.
[5] En el caso de la eficiencia
o productividad laboral, esta se calcula dividiendo el total de la
producción entre el número de trabajadores.
[6] Resulta al dividir el producto interno bruto del sector público entre el número de trabajadores del sector.
[7] Cálculo desde 1997 hasta 2015.
[8] Año base 1997.
[9] Bolívares de 1997.
[10] Disponemos hasta 2008
debido a que esta información fue tomada del trabajo de Baptista
Asdrúbal, Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana, cuyos datos se
muestran hasta ese año.
[11] Instituto Nacional de
Estadística. IV Censo económico 2007-2008.
http://www.ine.gov.ve/documentos/Economia/IVCensoEconomico/pdf/InformeIVCE.pdf










