El peruano Juan Pablo de Viscardo y Guzmán, habría de llegar más lejos que los anteriores. En 1801 da a la publicidad un memorial de agravios, intitulados Carta a los españoles americanos. Es un recuento de los atropellos y de la explotación que la Metrópoli llevaba a cabo en Hispanoamérica. Se planteó preguntas, según sus observaciones. Escribiendo así: “El nuevo mundo es nuestra patria, y el viejo, no”. “El Gobierno –continuaba Viscardo y Guzmán– obliga a comprar lo que necesitamos a los precios más altos, y vender nuestras producciones a los precios más bajos”. “¿Qué maravilla es pues, si con tanto oro y plata, de que hemos casi saciado al universo, poseamos apenas con qué cubrir nuestra desnudez?”. “...la América reunirá las extremidades de la tierra, y sus habitantes serán atados por el interés común de una sola Grande Familia de Hermanos”.
El venezolano Francisco de Miranda, fue el primer criollo de proyección universal y también el primero en concebir la independencia y la unidad hispanoamericanas como acciones paralelas y asociadas. Preparó para Alexander Hamilton (1784), colaborador de Washington, un proyecto acerca “de la Independencia y Libertad de todo el continente Hispanoamericano...”.
El año de 1798 sirve a Miranda para incrementar el número de partidarios de la revolución. Se fundan en Londres las primeras “juntas secretas”. Son logias conspirativas con finalidad independentistas. Surgen así, las primeras ideas de unidad latinoamericana con propósitos independentistas.
Cuando Miranda sienta, teóricamente, las bases institucionales de su vasto estado continental (incanato), revive los títulos y dignidades de los imperios indígenas y habla de su Colombeia (Colombia), donde quedarían abolidos los tributos y los gravámenes personales, se proclamaría la libertad de conciencia y la libertad de comercio y, donde el Ejecutivo constaría de dos Incas; uno de ellos residiría en la capital; y el otro, recorrería constantemente el dilatado imperio.
LOS PRIMEROS PASOS
Las sublevaciones antiesclavistas y las primeras agitaciones revolucionarias de los siglos XVII y XVIII no perseguían la libertad para todos, sino transformaciones sociales cuyos beneficios se limitaban, generalmente, al grupo insurrecto. El desarrollo de la propia lucha hubo de facilitarles la toma de una conciencia de clase.
La unidad hispanoamericana y el propósito de concretarla son las ideas fundamentales que inspiran toda la actividad rebelde de los venezolanos José María España y Manuel Gual, y del mallorquín Juan Bautista Picornell. El proyecto insurreccional en que están empeñados tiene como objetivo inicial la independencia de Venezuela y, lograda ésta, hacerla extensiva hasta propiciar una reivindicación continental. El 13 de julio de 1797, los rebeldes fueron descubiertos y llevados a la cárcel sus más connotados dirigentes.
Aunque Miranda fracasa en sus dos intentos expedicionarios, triunfa para la posteridad por haber sido el primer criollo que representó cabalmente a toda “Nuestra América”. Los mantuanos de Caracas no podrán prescindir de él para el estallido separatista de 1810.
Las juntas provisionales (hasta que Fernando VII recupere el trono de España) devienen procesos preparadores del camino hacia la independencia. En Venezuela toma el nombre de “Junta Suprema”. Más tarde se le adicionará: “Defensora de los Derechos de Fernando VII”. Los mantuanos fueron partidarios de que dicha Junta se convirtiera en permanente. Los españoles se oponían a esa pretensión, porque ella significaba compartir el poder con los criollos.
En todas las colonias ocurría lo mismo: los criollos eran los dueños de la propiedad urbana y rural y los godos, dueños del comercio y detentadores del poder político. La totalidad de la riqueza inmueble había caído en el bolsillo de una casta y la suma del poder político en el bolsillo de la otra. La lucha que se manifestaba a diario era más por razones económicas que por razones políticas.
En un principio, los criollos dominaban a los negros esclavos, guiaban a los blancos de orilla e influían, poderosamente, en el resto de las masas populares, nacidas en el país.
Tales divergencias demostraban que una Hispanoamérica, separada y distinta de Europa, con caracteres propios, venían abriéndose paso desde Viscardo y Guzmán a la fecha. El concepto de patria, referido al suelo natal, iba adquiriendo perfiles propios. Finalmente, un asomo de solidaridad entre las Juntas va fortaleciendo la integración de las colonias y, consecuentemente, van apareciendo en ellas los primeros síntomas de independencia.
