El discurso del poder favorece el yugo sobre nuestros cuerpos y fragmenta la sociedad a partir de la exclusión de todos los que se alejan del modelo de perfección (alcanzable a partir del capital monetario): rutinas físicas extenuantes, suscripción al gimnasio, al centro de belleza, inversión en cirugías estéticas, suplementos que mejoran el rendimiento físico, productos de cuidado personal.
El orden social se materializa en los cuerpos, los recorre y marca mediante ejercicios y técnicas de poder, aún sin atravesar sus conciencias llega al espesor mismo que les es propio, los activa y desactiva, siguiendo las leyes que establecen la micropolítica general del poder.
FOUCAULT.
La microfísica del poder
Cuatro de la tarde, gran congestión en la ciudad. Estoy apurada por llegar a casa, evadir el tráfico, la gente, el calor…Alguien sube al Metro (o la camionetica, porque para los efectos es lo mismo) y las miradas, unas indiscretas, otras menos certeras, hacen blanco en esa humanidad cuya anatomía rompe los modelos hegemónicos dictados por el carácter homogeneizador del sistema capitalista. Por unos instantes la escena llama mi atención, me vuelvo observadora, percibo a quienes miran, pongo atención a sus actitudes, me doy cuenta de sus rostros. Tal vez critican el color de la piel de quien irrumpe en la escena, o sus gruesos labios, o la mirada vacía por la falta de visión, puede ser alguna dificultad en los brazos, manos o piernas que limita sumovilidad, o una marca visiblemente pronunciada en alguna parte expuesta del cuerpo, su llamativa estatura o el aspecto de su cabello. Lo cierto es que a su alrededor las personas tratan de tomar distancia, de evadirse de aquello en lo que no se reflejan o no quieren reflejarse.
El orden social se materializa en los cuerpos, los recorre y marca mediante ejercicios y técnicas de poder, aún sin atravesar sus conciencias llega al espesor mismo que les es propio, los activa y desactiva, siguiendo las leyes que establecen la micropolítica general del poder.
FOUCAULT.
La microfísica del poder
Cuatro de la tarde, gran congestión en la ciudad. Estoy apurada por llegar a casa, evadir el tráfico, la gente, el calor…Alguien sube al Metro (o la camionetica, porque para los efectos es lo mismo) y las miradas, unas indiscretas, otras menos certeras, hacen blanco en esa humanidad cuya anatomía rompe los modelos hegemónicos dictados por el carácter homogeneizador del sistema capitalista. Por unos instantes la escena llama mi atención, me vuelvo observadora, percibo a quienes miran, pongo atención a sus actitudes, me doy cuenta de sus rostros. Tal vez critican el color de la piel de quien irrumpe en la escena, o sus gruesos labios, o la mirada vacía por la falta de visión, puede ser alguna dificultad en los brazos, manos o piernas que limita sumovilidad, o una marca visiblemente pronunciada en alguna parte expuesta del cuerpo, su llamativa estatura o el aspecto de su cabello. Lo cierto es que a su alrededor las personas tratan de tomar distancia, de evadirse de aquello en lo que no se reflejan o no quieren reflejarse.
El sistema capitalista, de dimensiones planetarias, ejerce sobre nosotros(as) un conjunto de estrategias de dominación que va desde las meramente abiertas y cruentas hostilidades bélicas, hasta mecanismos refinados de control cuya violencia se aprecia en el terreno de lo simbólico. He aquí el dominio de nuestra mente y nuestro cuerpo.
El combate es por la apropiación del ente corpóreo, con la intención de instar en nosotros como colectivo nacional, el pensarysentirdequienpretende colonizarnos, desinstalando así lo propio para asumir lo ajeno, lo extraño. Lo foráneo busca dominarnos a través del discurso hegemónico, que entre otros flancos pretende hacernos esclavos de su imaginario corporal. “Colonizar una sociedad no consiste sólo en someterla por las armas, ese es el primer paso (…). Colonizar es lograr que el colonizadomire elmundo a través de los ojos del colonizador” (Pinzón y Suárez. 1992. p. 81).
En palabras de Foucault, estamos en presencia de una guerramicro-política, que se libra en el escenario de lo corpóreo, de allí que el discurso dominante quiera impedir nuestra cohesión social, paralizándonos en torno a cualquier iniciativa tendiente al logro de objetivos que mejoren nuestro bienestar, para mantener esa dependencia que nos tiene atados a los centros de poder que funcionan como proveedores irreemplazables, subordinándonos a una sociedad tomadadesde dentro, y por ello desarticulada.
Una de las tantas concreciones de la cartografía simbólica de la violencia ejercida por el sistema capitalista dentro de la sociedad venezolana se presenta en la creación y naturalización de la dualidad cuerpo-persona. Este modelo instala en nuestro inconsciente colectivo una serie de premisas para que en cada uno de nosotros se genere la separación entre el ente corpóreo y la esencia que nos da vida, esa sustancia vital, nuestra humanidad, situándonos porello en soledad, aislándonos del conjunto en el cual cobramos coherencia como seres gregarios.
La modernidad nos arrastra a la alienación, nos hace individualistas y superficiales. Por ello, cada uno de nosotros, demanerainvoluntaria,desconocemos los vínculos con nuestros iguales, con el entorno, con la madre Tierra y con todo aquello que pueda ser o estar asociado a la naturaleza y a sus interacciones, olvidando que somos una especie más en el planeta. Iniciamos una lucha frenética por alcanzar lo que la modernidad nos presenta como símbolo de distinción, de valor y diferencia, nace un modelo al cual Le Breton denomina “cuerpo liberado”, frente al no liberado.
El cuerpoliberado es saludable, joven, seductor, higiénico, hermoso, bronceado, sin ninguna discapacidad; en otras palabras, es un cuerpo liso, puro, sin protuberancias, marcas, digno —según los cánones de la modernidad— de figuraren portadas y ser estandarte de la publicidad. El cuerpo noliberado es cotidiano, alejado de la cárcel de la supuesta perfección, un cuerpo verdadero, no domesticado por la massmedia, el cual admite el paso del tiempo, o la movilidad limitada, no se ajusta a las tallas preestablecidas de los diseñadores de moda o las grandes fábricas de ropa; es un cuerpo que no imita, simplemente se deja ser en libertad.
El discurso del poder favorece el yugo sobre nuestros cuerpos y fragmenta la sociedad a partir de la exclusión de todos los que se alejan del modelo de perfección (alcanzable a partir del capitalmonetario): rutinas físicas extenuantes, suscripción al gimnasio, al centro de belleza, inversión en cirugías estéticas, suplementos que mejoran el rendimiento físico, productos de cuidado personal.
El aparato publicitario nos empuja a consumir la perfección del cuerpo para su liberación.No obstante, este proceso es una forma de alienación que nos conduce a rituales vaciados de contenido, que buscan que nos trasformemos en cascarones sin esencia, sin conciencia, atados a mecanismos perversos de autoflagelación: anorexia, bulimia, vigorexia.
En este escenario de arquitectura corporal, pocos somos los incluidos por la hegemonía del dinero, pues sólo se busca elconsumodeestereotiposylaconsecuenteesclavitud: vemos en el día a día personas enajenadas por adquirir formas corporales perfectas, cualquier cantidad de productos para evitar cúmulos corporales de grasa, arrugas, canas, entre otros.
Hay personas alienadas por los beneficios publicitados para esta liberación. Ahora bien, la realidad es la esclavitud de un cuerpo que se mueve en torno a un ideal artificial de bienestar, es la opresión sobre él por el sistema capitalista que busca el consumo ilimitado de signos de prestigio, es un cuerpo desvinculado de humanidad que mantiene la égida del capital: consumo – consumo – consumo. Acudimos a la invisibilización de la entidad corpórea.
Este cuerpo liberado no es más que una trampa que busca alienarnos, someternos a un ideal de vida que realmente es la cotidianida desclavizada,una no-existencia caracterizada por la monotonía en la alimentación, pagos continuos a entrenadores personales, fuertes inversiones en la moda deportiva, el bisturí y el quirófano como uno más de la familia para cambiar la nariz, el busto, la forma de los glúteos, succionar grasa, quitar costillas, torturas semanales en la peluquería con el tinte, el secador y químicos para desríz, alejándonos de la esencia real del cuerpo: la humanidad.
Estamos autoinfligiéndonos grandes niveles de violencia simbólica, evidenciando una fuerte lucha por lograr un ideal lejano y por tanto incompatible con nuestro ser. Si en líneas precedentes se hizo referencia a la proposición categorial de un “cuerpo liberado” en función de sus atributos, y en oposición a uno con ataduras por su incompatibilidad con el empuje homogeneizador del capitalismo, este mismo sistema de consumo desmedido de símbolos, signos y códigos, actúa también suscitando la invisibilización de éste como vía para intermediar con el mundo (Le Breton).
El cuerpo es el medio a través del cual las personas concretamos el intercambio con el mundo, con los otros. Este proceso de contacto y retroalimentación es armónico siempre y cuando las sensaciones, expectativas corporales, gestos, miradas, poses, actitudes, apariencias, sean semejantes,pues parten—según Le Breton—de un mundo sensorial común. La cotidianidad venezolana nos inclina a la interacción constante con el otro: en el restaurante, la panadería, el ascensor, el aula de clases, la oficina, la parada del transporte público, etc. Sin embargo, en el devenir diario el cuerpo se borra, se desdibuja, se vuelve discreto, silencioso, pues se pierde conciencia de su existencia a pesar de que es “el soporte material, el operador de todas las prácticas sociales y de todos los intercambios entre los sujetos”, así lo explica el autor citado anteriormente.
El borramiento corporal se traduce en pasar desapercibidos, pero al mismo tiempo lograr insertarnos en el contexto social. En otras palabras, cada uno de nosotros busca parecerse al resto, mantenerse en el marco de la semejanza y, por ello, generar una identidad colectiva, servir de reflejo, ser cuerpo espejo.
En Venezuela, la cultura como mecanismo de domesticación opera a partir de la invisibilización del cuerpo, circunstancia que se ve trastocada cuando éste hace presencia en situaciones límites como enfermedad, dolor, cansancio, poca movilidad, delgadez extrema o sobrepeso, falta de audición o de la vista, textura del cabello o color de piel alejada del paradigma estético, nariz muy grande o poca estatura, senos llamativos por sus escaso tamaño o por sus grandes dimensiones, etc.
El espejo se ha roto. Ya no me veo en el otro, no hay empatía en la comunicación con mi semejante debido a la falta de referentes corporales que permitan la mutua identificación, el reflejo en el otro, que se asemeja a mí a pesar de guardar distancia. La percepción del cuerpo, la toma de conciencia de su existencia en el mundo y su irrupción en la escena, vienen dadas por la falta de cercanía con el modelo preestablecido de éxito. El espejo no existe porque no es el cuerpo liberado; por el contrario, es un cuerpo no domesticado.
Siento miedo de acercarme a lo desconocido, a aquello que no se parece a mí. La inseguridad me asalta, carezco de elementos que me permitan la vinculación sensorial, comienzo la dualidad excluido-excluyente, de quien no me refleja, de a quien no reflejo.
Antes nos relacionábamos de manera intuitiva, automática. Ahora, en función de la diferencia, se ve imposibilitado el reflejo; estamos en presencia de alguien que no nos es familiar, no hay correspondencia en la identidad, a pesar de lo cual, con indiscreción, la mayoría de las veces todos miramos absortos aquello que es diferente.
Hay una violencia silenciosa, disimulada, que pone de manifiesto la inconformidad, el malestar, el alejamiento, la falta de identidad. Algunos nos volvemos ajenos, extraños, atraemos miradas de intolerancia, poniendo así de manifiesto la deshumanización del sistema capitalista. Vivimos tratando de negar lo que somos, luchando por tener otro rostro, otra piel, otros labios para evitar el acoso de miradas indiscretas o, peor aún, la persecución de vigilantes en tiendas por departamento, centros comerciales, o la embestida de los cuerpos de seguridad que se mueven a partir de estereotipos para adjudicar culpabilidad en ciertas circunstancias.
La conjunción cuerpo-humanidad es el camino a la libertad, en función de la cual superaremos la apariencia corporal y nos centraremos en el ímpetu trasformador de la vida, capaz de movilizar sentimientos, aptitudes, virtudes, valores, principios, emociones, pensamientos, ideas. En otras palabras, las experiencias para el mejoramiento y bienestar individual y colectivo.
Asumamos la propia identidad, la diversidad de los cuerpos y almas.

