¿Por qué será que el anónimo rostro de una máscara nos otorga el permiso de transgredir lo establecido como norma? Es posible encontrar la respuesta sin buscarla, entregándose al desenfreno y el goce implícitos en la fiesta…
Seguramente, cuando establecemos contacto interior con las vivencias de nuestra infancia o adolescencia, dentro del manojo de gratos recuerdos está el hecho de haberse vestido alguna vez de una manera inusual, divertida y quizás, en algún momento hasta atrevida. Cada uno de nosotros y nosotras, en su momento, echómano del recurso de la fantasía para así poder entretejer historias que, en el imaginario personal, posiblemente nos permitió vivir una simpática y jocosa realidad, paralela a la de la vida cotidiana. También es posible que hubiésemos sido partícipes de la concreción del ideario ajeno, ya se tratase de alguna persona amiga, o de nuestra madre o hermanos. Lo cierto es que existió la experiencia como taly que el divertido recuerdo aún nos genera placer y nos arranca fácilmente una sonrisa.
¡A disfrazarse!
¿Cuál fue y quizás sigue siendo la motivación fundamental de todas estas iniciativas? Digamos que pueden ser de distinta índole,mas es seguro que el fin último fue mostrarnos, vernos y sentirnos en el disfrute de una experiencia extra cotidiana, que además de ser individual, trasciende esa condición al ser compartida con otras personas que en similar condición interactúan con nosotros, transformando el momento en una experiencia colectiva de expansión y goce. Las festividades de una celebración popular como el carnaval constituyen una oportunidad propicia para la realización de todo tipo de acciones burlescas. Sin embargo, no son el único contexto favorable para esa inagotable necesidad de expresión creativa del ser humano. A lo largo del cíclico calendario anual y desde tiempos antiguos, la humanidad ha generado celebraciones de todo tipo vinculadas tanto a rituales agrarios de petición o agradecimientoa lamadre tierra, como de orden cosmogónico, invocando y rindiendo culto y tributo a sus dioses. En todos ellos, tantola vestimenta como el uso de accesorios, ya fuesenmáscaras,instrumentos musicales u otro tipo de adornos, han sido elementos de carácter imprescindible, dado que el atavío fue siempre considerado como parte intrínseca de toda ritualidad.
Anonimato enmascarado
Particularmente, lamáscara posee la cualidad intrínseca de Lametamorfosis para aquella persona que la integra a su corporeidad. En un instante somos “el personaje”, aquel o aquella que mira a través de un rostro prestado, y a quien los demás perciben desde esa imagen que lo representa; podemos decir entonces que la persona sobre quien cobra vida la máscara queda desdibujada y anónima bajo la determinante presencia del rostro prestado que la anima. Es posible que en esto radique la fuerza que dentro de la festividad del carnaval siempre ha tenido la condición enmascarada de sus participantes.Decíamos que a través de la máscara como también del traje que completa el disfraz, se hace posible proyectar una imagen y re-presentar-nos, o lo que es lomismo: volver a presentar a otra persona que somos y no somos a la vez. Y en este acto de jocoso engaño, encontramos placer y realización circunstancial en la medida que se nos hace posible disfrutar del anonimato, subvertir las normas rígidas de la cotidianidad, darle curso a la desfachatez y entregarnos al disfrute, en un encuentro pleno, aunque momentáneo, con la utópica libertad. Este hecho, por cierto,no sólo está presente en Venezuela dentro de la festividaddel carnaval, ya que siendo tan rico y diverso nuestro calendario tradicional y popular, han existido y siempre existirán espacios posibles para dar curso a la expresión de la diversidad estética que caracteriza al imaginario popular.
El carnaval venezolano
Si bien es cierto que en el carnaval, tal y como lo conocemos y celebramos en laAmérica Latina y elCaribe, hay una reinterpretación de un legado cultural de procedencia europea, no esmenos cierto que el territorio simbólico se impregna de la tradición viva, alimentada por unamemoria colectiva muy propia y que, en consecuencia, en nuestro caso, el rostro de la venezolanidad tiene rasgos bien definidos a pesar del persuasivo trabajo de penetración ideológica y del bombardeo mediático foráneo en su tenaz intento por desdibujarlo.
En Venezuela, el carnaval ha vivido épocas de mayor o menor auge,aunque siempre impregnado del local humor y jocosidad característicos, dando cuerpo a la creación de personajes muy “de acá”, como aquellas famosas “negritas” caraqueñas que, tras la enmascaradavestimenta y afinadamentedisimulada voz, desafiaban con su célebre pregunta… “¿A que no me conoces?”, a los galanes trasnochados que pululaban en las fiestas y templetes en busca de oportunidades.
Ya en tiempos actuales, se hace importante recordar que la alegría y la celebración por la vida, presentes en la construcción de una sociedad y una patria dignas, son una clara alternativa frente al constantemensaje destructivo y descalificante emitido a través de los medios masivos de comunicación, esos que permanecen de espaldas a los vientos de transformación que viven la América Latina y el Caribe. Frente a sus embates, la creatividad de un pueblo comprometido consigo mismo y casado con la construcción de una historia plena de transformaciones, constituye la mayor fiesta colectiva en la cual podemos participar.
