lunes, 25 de julio de 2016

La cultura del petróleo, semblante de la civilización “gringa” Capítulo V y último (resumen) del Libro La cultura del Petróleo de Rodolfo Quintero


En Venezuela, la civilización “gringa” es la norteamericana, de la cual forma parte la cultura del petróleo. En el proceso de penetración y extensión de la civilización “gringa”, más que la relación directa de los norteamericanos con los venezolanos –trato personal–, influye la indirecta: prensa y publicaciones diversas, cine, radio, grabación, televisión, que afectan a millares de personas y les hacen llegar estilos de vida propios de Estados Unidos.

En nuestros centros de población urbanos y semiurbanos los traslados se hacen usando autobuses de fabricación norteamericana; la construcción de carreteras, el pavimento de estas, el uso del petróleo, gasolina y lubricantes, las estaciones de servicio, las refacciones y otros detalles son copia fiel de modelos norteamericanos.

En nuestro país como en los demás de América Latina, el “turismo” es una invención de origen inglés, perfeccionada por los norteamericanos.

Es fenómeno conocido la resistencia a los cambios en la alimentación y la construcción. Sin embargo, estos campos de la actividad social, no acusan resistencia en Venezuela a las modificaciones que impone la civilización “gringa”; las clases altas y medias principalmente muestran capacidad de imitación inigualable.

Signos de insuficiencia y subordinación se aprecian en la importación de leche, huevos y otros productos, y hasta de maíz y caraotas, en la sustitución de bebidas tradicionales por las industriales de procedencia norteamericana. La introducción del chicle es un rasgo y el consumo de tabaco de Estados Unidos en lugar de tabaco nacional, debe tenerse en cuenta.

El uso exagerado de la luz eléctrica tiene relación con el aviso comercial, es consecuencia de la expansión industrial norteamericana, de la que depende el equipo y el servicio.

Las nuevas formas de educación son sugeridas por la boga en que están las academias con cursos prácticos comerciales, el énfasis en el aprendizaje del inglés y la temprana educación de los niños en instituciones de los Estados Unidos.

En menos de cincuenta años una considerable parte de la población de Venezuela se ha hecho usuaria de elementos propios de la civilización norteamericana, siguiendo un proceso acelerado, el desplazamiento por lo norteamericano, de lo francés que predominó en las postrimerías del siglo XIX, puede observarse en la profesión médica, la moda, los productos de belleza, la preferencia al inglés sobre el francés como materia de aprendizaje, etc. En Venezuela el progreso tecnológico, por sus características, incide en el crecimiento de las ciudades.

El crecimiento de los centros de población no corresponde a las modificaciones que afectan la estructura ocupacional que son consecuencia de la industrialización: la población de subempleados busca oportunidades de empleo que el sistema económico no puede crear en cantidad suficiente dando lugar a problemas de orden político.

La importación de técnicas extranjeras que no corresponden a una planificación de interés nacional, sino a la dinámica de la “civilización gringa”, provoca desajustes de amplia proyección en el plano social.

El enriquecimiento de las técnicas permite a los hombres venezolanos modificar la sociedad en que vivimos y la cultura en la que él es servidor de las cosas, y convertirla en una sociedad y una cultura donde las cosas están al servicio del hombre. Las organizaciones sociales que no saben o no pueden afrontar y resolver este problema están amenazadas por una trágica alteración de las condiciones biológicas y sicológicas de la vida humana.

La ciencia y la técnica ofrecen al pueblo de Venezuela oportunidades y facilidades de dominio, no solo de las condiciones de su desarrollo, sino también de manejo de los medios de su propia autodeterminación. El desarrollo de las técnicas–incluyendo las importadas por la “civilización gringa”– da poder a las mayorías de la población. Y este poder les engendra un problema; su existencia depende de su propia decisión.

Los planes sobre crecimiento y desarrollo del país no pueden partir del supuesto de que los avances en el campo de la tecnología cambian automáticamente la organización de su sociedad. Sino que deben elaborarse en función de la vinculación íntima del progreso técnico con el progreso social, o sea, poner los beneficios producidos por la introducción de innovaciones técnicas al servicio de todos los venezolanos.

La mayoría de nuestra población conoce que la raíz de la “civilización gringa” es el predominio de una cultura de conquista, la explotación del criollo por el extranjero colonizador y el nacional privilegiado. Sabe que esta situación tiene carácter de hecho histórico, por ello puede cambiar y hacer posible la superación del régimen actual. Aspira con decisión a un auténtico humanismo que ponga fin a lo antihumano de la Venezuela actual, como conjunto de personas que integran una nación, expresado entre el desperdicio y la miseria. Una mayoría convencida de que el ensanchamiento de las bases de la vida social es lo esencial para el desarrollo pleno del hombre.

Interesada en que la libertad y la igualdad signen la vida cotidiana y profunda de la sociedad: el trabajo. Que ningún hombre en la fábrica o en el campo sea el instrumento de otro hombre; que nadie sea excluido del patrimonio nacional acumulado por generaciones.

Hablar de lucha contra la cultura del petróleo es plantear la necesidad de una lucha social. Elevar el nivel de conciencia de los hombres. Lucha inseparable de la lucha de clases, porque todo progreso cultural de las masas está ligado a un progreso de la conciencia de los conflictos fundamentales de la sociedad.

Las acciones dirigidas a conseguir una limitación de la influencia de la cultura del petróleo en el territorio nacional, plantean problemas que no pueden resolverse sin provocar transformaciones de la estructura. Dan lugar a crisis, como la existente en Venezuela ahora, expresada en una desorganización del orden social, provocada por la falta de capacidad de la sociedad para resolver problemas de su desarrollo.

Crisis cuya solución depende en buena parte de la actitud mental que asuman ante ella quienes la estudian. La supera el pueblo si actúa con decisión y buena dirección, proponiéndose la humanización de los grupos de venezolanos víctimas de la enajenación colonial, deshumanizados por un capital extranjero que, al mismo tiempo, los desnacionaliza, los aleja de sus tradiciones, de su pasado histórico y cultural; hace de su medio natural y social un medio extraño, escarnecido, ridiculizado, inferiorizado. El colonizado se deshumaniza como asalariado, como autóctono y como ser humano; su lengua, su religión, sus costumbres, sus valores morales, sus ideales, llegan a ser extraños para él porque lo son para los colonizadores que hacen las leyes.

La liberación de las masas populares implica la liberación de la personalidad. Las culturas nacionales, al abrir a todos los venezolanos el camino hacia la ciencia, los conocimientos y la actividad política, minan las bases del individualismo fomentado por la colonización y sientan las bases de la combinación orgánica de los intereses personales y los colectivos, sin lo cual no es posible un desarrollo multilateral de la personalidad.

Luchar contra la hegemonía de la cultura del petróleo, que es un aspecto de la “civilización gringa”, es hacerlo por la libertad del hombre criollo, concebida esta como la conciencia de la necesidad.