
Cristóbal Colón seguramente nunca pensó que al traer la caña de azúcar a La Española, actual República Dominicana, se produciría y volvería tradición uno de los licores más agraciados en cuanto a su sabor y calidad. El Ron surge a finales del siglo XVIII, pero es el XIX que presencia un gran salto en materia de bebidas espirituosas. Protagonistas de la tradición aguardientística, los artesanos del ron venezolano mejoraron su calidad mediante nuevos equipos y técnicas que otorgaron a esta bebida la fama mundial de la que hoy en día goza.
Del Saccharumofficinaruma las bebidas etílicas
Así se le denomina de manera científica a la caña de azúcar, la cual tuvo una difusión lenta en los primeros años de la colonización española, luego de ser introducida, aparentemente, por las costas corianas. Aunque no hay datos exactos sobre las labores cañísticas, se sabe que a lo largo del siglo XVII tuvo una extendida difusión espacial: Caracas, Barquisimeto, El Tocuyo, Carora, Coro,San Cristóbal, Valencia y Mérida vieron crecer la dulce gramínea.
Con el incremento de la mano de obra esclavizada y el aumento de los recursos, los cañaverales elevaron sustancialmente su producción; pero al llegar el siglo XIX, la miseria, pobreza y devastación territorial que a su paso dejaron la Guerra de Independencia y luego la Federal, disminuyeron considerablemente la potencialidad de los territorios agrícolas. El panorama azucarero en esa época no era muy alentador; muchas fueron las críticas que se les hicieron a los cañicultores porque, amén de que la idea de “progreso” ocupó, con sofisticadas máquinas las haciendas y unidades productivas, la calidad de los azúcares no era la esperada pues la confección era insuficiente, y la productividad poca y costosa; además, otros asuntos como la inestabilidad política, vías de comunicación y los precarios conocimientos técnicos, dificultaron la agricultura de la caña, por lo cual no tuvo competencia en el ámbito internacional y quedó relegada al consumo local.
En los sitios donde creció la caña de azúcar se destilaba aguardiente. El licor de la caña data del siglo XVI y tuvo infinidad de problemas cuando los comerciantes de caldos españoles vieron en él su competencia; a pesar de las múltiples reglamentaciones y prohibiciones que los metropolitanos quisieron imponer, el aguardiente fue preparado, vendido y consumido a lo largo del siglo XVIII.
El siglo del ron
La calidad del ron hoy en día dista mucho del que se producía antes de la segunda mitad del siglo XIX. En sus comienzos padeció hartas dificultades; el mal olor y sabor desagradable eran lo usual, cuestión que fue superada con el progresivo perfeccionamiento destilatorio. Su origen es impreciso; parece que fue en Barbados donde la bebida comenzó a deleitar paladares y a convertirse en un producto comercial. En los territorios ocupados por España se le llamaba “romo”, pero ya a comienzos del XIX la voz “ron” se había popularizado.
La calidad del ron hoy en día dista mucho del que se producía antes de la segunda mitad del siglo XIX. En sus comienzos padeció hartas dificultades; el mal olor y sabor desagradable eran lo usual, cuestión que fue superada con el progresivo perfeccionamiento destilatorio. Su origen es impreciso; parece que fue en Barbados donde la bebida comenzó a deleitar paladares y a convertirse en un producto comercial. En los territorios ocupados por España se le llamaba “romo”, pero ya a comienzos del XIX la voz “ron” se había popularizado.
Aquellos que se ocuparon de su destilación fueron mejorando la bebida gracias a los contactos que mantuvieron con fabricantes extranjeros; la influencia inglesa fue importante en la preparación de rones en Venezuela, así como la francesa, que hasta el siglo XX contribuyó con sus refinadas técnicas. El alambique fue y es, en ocasiones, el aparato utilizado por excelencia para la destilación de bebidas alcohólicas; muchos de ellos se fabricaron en las localidades. Algunos de estos destiladores probaron sus talentos, iguales o superiores a los extranjeros, lo que les valió fama internacional. A partir de las últimas décadas del siglo XIX, la tradición etílica vivió sus mejores etapas; la fama de los rones de Carúpano, Maracaibo, Trujillo y Táchira repuntaron por su calidad; el progreso de los rones venezolanos en estos lustros estuvo enmarcado en la presidencia de Antonio Guzmán Blanco, cuyo gobierno afianzó los cultivos y recuperó los paisajes agrícolas así como su ciencia.
Su proceso de producción
El proceso de producción del ron ha sido perfeccionado a lo largo del tiempo gracias a la calidad de la cosecha de la caña, de las mieles o melazas que esta produce, las aguas de alta pureza; el tiempo de añejamiento, y las manos expertas de nuestros destiladores.
El proceso de producción del ron ha sido perfeccionado a lo largo del tiempo gracias a la calidad de la cosecha de la caña, de las mieles o melazas que esta produce, las aguas de alta pureza; el tiempo de añejamiento, y las manos expertas de nuestros destiladores.
Así, el desarrollo de la producción del ron se resume actualmente en cinco etapas: 1.- Después de recoger, cortar y moler la caña, es decir la extracción, el producto pasa por un dilatado proceso de filtración y clarificación, resultando de ello la melaza, líquido oscuro y amargo.
2.- La fermentación de la melaza se realiza con levaduras para obtener el etanol, que viene siendo la base del ron. 3.- La destilación se realiza en alambiques o con la llamada “destilación continua en columnas”. El líquido destilado es transparente.
4.- El añejamiento, fundamental adormecimiento del líquido destilado, se logra cuando es colocado en barricas donde luego tomará, dependiendo del tiempo, el sabor y el color característicos. Cuando el licor está en la barrica o “embarricado” respira, se oxida y desprende gases, convirtiéndose en ron.
5.- La filtración y mezclado es la última etapa. Luego del añejamiento del licor, este se filtra para obtener un ron más puro. Los licores de distintas barricas son mezclados por el maestro ronero cuyo paladar determinará el ron definitivo al que se le añadirán especias y caramelo. De la experimentación surgen nuevos rones con buqués y sabores distintos.
2.- La fermentación de la melaza se realiza con levaduras para obtener el etanol, que viene siendo la base del ron. 3.- La destilación se realiza en alambiques o con la llamada “destilación continua en columnas”. El líquido destilado es transparente.
4.- El añejamiento, fundamental adormecimiento del líquido destilado, se logra cuando es colocado en barricas donde luego tomará, dependiendo del tiempo, el sabor y el color característicos. Cuando el licor está en la barrica o “embarricado” respira, se oxida y desprende gases, convirtiéndose en ron.
5.- La filtración y mezclado es la última etapa. Luego del añejamiento del licor, este se filtra para obtener un ron más puro. Los licores de distintas barricas son mezclados por el maestro ronero cuyo paladar determinará el ron definitivo al que se le añadirán especias y caramelo. De la experimentación surgen nuevos rones con buqués y sabores distintos.
La alquímica mezcla se reposa y luego pasa a ser embotellada. La etilia de nuestro país es tradición; desde la chicha de maíz fermentada de nuestros indígenas, el chirrinche y los guarapos fermentados, hasta la actual producción para la exportación de ron en el mundo, evidencia de que el venezolano siempre se ha perfilado por el gusto de las bebidas etílicas. Los rones venezolanos actuales han logrado su calidad de exportación apoyados no solamente en la maquinaria que se ha perfeccionado con el tiempo, sino también de la pericia y gran conocimiento de los maestros roneros que con el arte de las combinaciones alcanzaron grandes logros que traspasaron nuestras fronteras.
El ron no solo ha servido para el gusto etílico de los asiduos, sino también para combatir algunas afecciones físicas. Nada mejor para la gripe que “una infusión de tilo, canela y ron”. El descendiente alegre de la caña de azúcar es magia que emana del trabajo de los prolijos artesanos del ron que, con sus variedades alquímicas, nos regocijan el paladar y mantienen una tradición que habla de nuestro pasado geohistórico y etílico; impronta propia, que nos define en el arte de la producción del azúcar y sus subproductos.


