martes, 6 de octubre de 2015

Historia de la salsa en Venezuela DOSSIER (Textos extraídos de la Revista Memorias de Venezuela No.32)



El sentimiento humano que se sublima en sonidos combinados en tiempo, es lo que llamamos música. Sí, esa que surge del interior de la intangible existencia de los individuos, para expresar las simplicidades y las complejidades, para emular a la naturaleza; para decir, contar, vivir y significar el mundo. Es la que acompaña a los seres humanos desde los tiempos más remotos; y que se constituyó en parte esencial en la vida de los pueblos. Cuesta imaginar la existencia de una sociedad sin música; asimismo, cuesta creer en una ausencia musical en las luchas libradas por los oprimidos durante tantos siglos. Y es que dondequiera que se busque, temporal o geográficamente, encontraremos a la música como elemento indispensable. En tal sentido, no podemos obviar la necesidad de estudiar lo que ella ha significado en nuestra historia. 


Si admitimos que la música juega un papel fundamental en la amplia red de significados que es la cultura, no podemos soslayar la necesidad de estudiarla desde una perspectiva histórica. En Latinoamérica tenemos una música, creada, de, por y para nosotros; ella es parte importante entre las manifestaciones populares, es punto coincidente en la diversidad latinoamericana y caribeña, y se conoce por el nombre de salsa. Es una música para bailar, pero más aún, es una música para identificarnos como pueblo, para sentirnos parte de una configuración cultural que no es la hispanoamericana, ni mucho menos la angloamericana; es la que hace que nos veamos como parte de una manifestación arraigada en la herencia africana y en la cosmicidad caribeña. Es ese sonido urbano acompasado en el percutir maderero de la clave, en el cual intervienen numerosos y variados instrumentos, pero donde destacan finalmente el timbal, la tumbadora, el bongó, el piano, el bajo eléctrico, las trompetas y los trombones.

Salsa es una presentación renovada de la música popular que surgió e hizo frente a un contexto que estuvo marcado por la resistencia política y cultural en el seno de la sociedad industrial en Occidente, de la Guerra Fría, la Revolución Cubana, las dictaduras, la extensión de la pobreza, la fundación de miles de barrios, la crisis económica, el éxodo latino hacia Nueva York y la exclusión de estos inmigrantes en una sociedad clasista y racista. Estas fueron condiciones que condujeron a la comunidad de puertoriqueños, dominicanos, cubanos, colombianos, venezolanos, panameños y otros, a establecer mecanismos identitarios compartidos con individuos de otras naciones latinoamericanas.

Del Caribe surgió la salsa, y la ciudad de Nueva York fue un punto extraterritorial en la dinámica sociocultural del fenómeno salsero. La región caribeña tuvo otros nodos en distintas ciudades (Caracas, por ejemplo) que en paralelo con la movida neoyorquina desarrollaron sus expresiones salseras.

La salsa es hija de ese ambiente heterogéneo, veloz y  muchas veces violento de la ciudad. Pero no de cualquier ciudad, sino de la ciudad latinoamericana. La salsa no nació en Europa ni en Asia, sencillamente porque los elementos que la constituyen son propiamente latinoamericanos. Fue una forma de conjugar distintos elementos que se encontraban en el ambiente cultural de los años sesenta en el área del Caribe; dicha conjugación llegó a sedimentarse en la organización espontánea de agrupaciones musicales, que independientemente de la latitud en que se hallaron, terminaron produciendo una tendencia original relativamente homogénea en la música y que fue bautizada con el nombre de salsa. En Venezuela fueron los habitantes de las ciudades, aquellos cuyos padres habían abandonado el campo en la primera mitad del siglo XX, los que produjeron el fenómeno de la salsa en los años sesenta. Fueron individuos que al volver la mirada hacia las viejas canciones, hicieron la fusión de ritmos caribeños para lograr algo original y con lo que alcanzaron, en primer lugar, resistir el influjo avasallador del twist y el rock and roll; y en segundo, sostener una manifestación más propia del ser latinoamericano residente en las ciudades.
En esta ocasión, la revista Memorias de Venezuela presenta un número dedicado a la historia de la salsa en Venezuela, para visibilizar parte de la batalla cultural librada por nuestro pueblo para defender sus raíces y distinguir su identidad ante la arrolladora influencia emanada de las poderosas industrias culturales de Europa y los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. Con impronta indiscutiblemente latinoamericana, urbana y proletaria, la salsa se abrió paso en el ambiente musical de los años sesenta, logrando posicionarse firmemente en los setentas como un movimiento de gran alcance internacional. Aunque distó de ser un fenómeno de escala mundial como el contemporáneo rock and roll, pudo ganar espacios importantes en América y Europa.

La salsa fue uno de los géneros aprovechados por los sectores populares en el área del Caribe para canalizar sus expresiones más genuinas. Junto a la música popular-tradicional, se constituyó en una manifestación propia de “los de abajo”, y al margen de los movimientos acomodaticios e interesados del mercado discográfico fungió  como instrumento identitario, asociadodirectamente al ser latino. Ella reunió en sus letras e instrumentación las expresiones de una resistencia cultural por el autorreconocimiento, y por el orgullo de ser negro, indio, mestizo, pobre, trabajador, rumbero, solidario, amoroso, católico, santero; ser toda la diversidad que vibra en Nuestramérica.

Salsa: una palabra con mucho sabor Por: Gherson Maldonado
A pesar de que la Real Academia de la Lengua Española, afirma que “la salsa es un género de música popular bailable, con influencia afrocubana, que ejecuta una orquesta acompañada por instrumentos tradicionales del Caribe y por uno o varios cantantes”, para algunos la salsa no existe, dicen que es música cubana mal imitada (esta opinión es sostenida especialmente por los cubanos). Mientras, desde Nueva  York replican que la salsa es una renovación de la música cubana con nuevas letras, con la presencia del barrio en su temática, con nuevos arreglos y elementos jazzísticos en su música. En este texto no vamos a concentrarnos en esta disyuntiva tan compleja; simplemente nos enfocaremos en la palabra “salsa”, en las razones por las que se llegó a denominar a los modernos ritmos afrocubanos de esta manera. 


Hace pocos días el famoso animador y diseñador gráfico Izzy Sanabria afirmaba que los suramericanos, específicamente los venezolanos, somos unos “piratas”, que a través de un tal Fidias Danilo Escalona pretendemos apoderarnos de la palabra salsa, un vocablo polémico del que mucha gente, con o sin razón, ha reclamado la paternidad.

En Cuba existen muchos testimonios del uso de esta expresión, como la inevitable referencia culinaria del “Échale salsita” de Ignacio Piñeiro en 1929; un cuarto de siglo más tarde, Israel López “Cachao” titulaba uno de sus temas como “Más salsa que pescao”. Por esa década de los cincuenta, Cheo Marquetti presentaba a su conjunto como “Los Salseros”, además del testimonio de algunos músicos de ese gigante del canto, Benny Moré, que para animar a sus músicos les gritaba: “¡Salsa, Salsa!”, y cerraba los números de su orquesta con unos efectos en la dirección que luego rubricaba con estas palabras: “¡Se acabó la salsa!”.

En la década siguiente, en Nueva York, Joe Cuba graba el tema “Salsa y bembé” del LP SteppinOut (1962); sin embargo, en una entrevista Joe Cuba reconoce que en aquellos años se definía a la música por su nombre apropiado, guaguancó, son, guaracha, mambo, y no como salsa. Al año siguiente, Charlie Palmieri graba el primer LP con el uso de este término: Salsa na’ ma’, pero es importante acotar que Palmieri no continúa usando esta expresión en sus discos en los años sucesivos, hasta el ‘77, en pleno boom neoyorquino  cuando titula un álbum Con salsa y sabor. Siguiendo nuestro recorrido, en 1966 Ray Barreto graba el tema “Salsa y dulzura” en el LP El Ray Criollo, mas en los sucesivos trabajos ignoró esta palabra.

En Venezuela, a comienzos de la  década de los sesenta, Víctor Piñero en algunos temas expresaba “Salsa” refiriéndose al pianista cubano Carlos Zulueta, conocido como “Pan con Salsa”, quien pertenecía al staff de Los Melódicos entre 1960 y 1961. Esto no influyó directamente en el trabajo que se haría en nuestro país un lustro más tarde. Entonces observamos una similitud desde Cuba, pasando por Venezuela y Nueva York, con respecto a la palabra salsa: fueron trabajos esporádicos, no hubo continuidad en los mismos, ni la intención de seguir utilizando la expresión; era exclusivamente una palabra con mucho sabor, para animar a la orquesta, al público.

Hasta que en el último trimestre de 1965, por Radiodifusora Venezuela, el mismo locutor que ya conducía dos espacios en la misma señal llamados “Matinal” y “El Show de Fidias” comienza  un nuevo espacio llamado “La Hora de la Salsa, el Sabor y el Bembé”, donde repetía ante sus oyentes: “disfrute usted de su almuerzo que nosotros le ponemos la Salsa”, muy posiblemente basado en la publicidad que le hacía en ese momento a la salsa de tomates “Pampero”. Fue increíble la abrumadora sintonía que alcanzó este espacio en aquel momento; tanto, que a los pocos meses y cuando el sello Palacio va a  publicar el primer disco de Federico Betancourt, se basa en el popular programa radial y bautiza al disco Llegó la Salsa, exactamente en junio de 1966; a partir de allí comenzó la avalancha, la palabra se hizo presente en una cantidad considerable de producciones y como nombres de canciones, especialmente a partir de 1967, cuando en Venezuela se realiza el primer movimiento radial y discográfico conocido como “Salsa” en el mundo. Por lo que desde 1967 y 1969 se publicaron en Venezuela cerca de 30 LP’s, realizados por: Federico y su Combo Latino con cuatro discos; Genaro y su AllStars; Orlando Briceño; el Pavo Frank y su orquesta; Los Brothers; y los Dementes, entre otros. Mientras en Venezuela se hacían todas estas grabaciones, en Nueva York y bajo la denominación de Salsa, el único en grabar fue el venezolano Johnny Sedes.

Persiste aún entre algunos estudiosos la tesis de que fueron RichieRay y Bobby Cruz quienes le dieron la idea a Fidias de bautizar su programa como salsa, pero resulta que el primer viaje de estos artistas a Venezuela fue en marzo de 1968, dos años y medio después de que saliera al aire su programa y la gran cantidad de grabaciones que con la denominación de salsa se realizaron en Venezuela.

Para dejar en claro la imposibilidad  de que ello hubiera ocurrido, tenemos el siguiente testimonio recogido en la prensa de aquel momento: “el joven Ricardo Ray, quien se inició en el disco hace pocos meses, está demarcado dentro del estilo que aquí se denomina con el distintivo de salsa, (… ).Viene precedido de una gran popularidad que ha ganado con sus grabaciones difundidas en toda la radio local y en especial por el programa: La Hora de la Salsa”.

Por esto basamos nuestra hipótesis nada chovinista de que en Venezuela no inventamos este género musical, pero gracias a Fidias, a Federico y su Combo Latino, Sexteto Juventud, Los Dementes, etc., la bautizamos, le dimos un nombre; ya que hubo un movimiento constante, sistematizado y contundente que ha permanecido hasta nuestros días y que informó a muchas de estas orquestas neoyorquinas y puertorriqueñas visitantes de nuestras salas de baile, que la música que interpretaban desde hacía un tiempo se llamaba “salsa”. Expresión a la que indudablemente el sello Fania en la década siguiente, gracias a su monstruosa industria publicitaria y con mucha maña, le sacó provecho y logró proyectarla en todo el mundo. 

La salsa nace en el barrio Por: Romer Carrascal
Resulta difícil encontrar una manifestación cultural tan rica y diversa que permita establecer unidad en cuanto a una identidad colectiva como lo hace la salsa. Este género musical, crónica social, y aliciente del espíritu, guarda como manifestación de la cultura y la tradición popular la necesidad de expresión autónoma y la disposición del pueblo a mantenerse en pie de lucha y resistencia frente a los embates del sistema y su carácter excluyente.

Hablar de salsa es hablar del Caribe, y decir Caribe es decir sonoridad, alegría, rumba y jolgorio. Ella representa esa música bailable resultante de la síntesis de varias décadas de intercambio, aprendizaje y confluencia de expresiones musicales de la región delimitada por el indómito mar Caribe. La salsa surge del proceso en el que la música de Cuba, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela se ligó con el jazz y la música negra de los Estados Unidos, lo que nos lleva a detectar innegablemente, desde sus inicios, su sentido alterno, marginal, irreverente y popular.

El hecho de afirmar que la salsa nace en el barrio no es un simple emblema publicitario, ni mucho menos un refugio retórico para afirmar su carácter popular y proletario; de hecho, nace o, más que nacer, se va gestando a mediados de los años sesenta en los barrios latinos de Nueva York.

La salsa es una expresión de la convergencia de la historia de los pueblos del Caribe, pues es manifestación de ese proceso de transición de la vida rural al espacio urbano, de la metamorfosis de viejos valores y relaciones, ahora trastocados por el desarrollo de las grandes ciudades.

Los medios de comunicación, la tecnología, la industria y el capitalismo. Este género musical, en su desarrollo histórico, nos ofrece un retrato del surgimiento de esas comunidades excluidas del poder. La salsa se gesta en los barrios latinos de la ciudad de Nueva York. Surge en esta ciudad por ser representación del espacio urbano prototípico, ese espacio de encuentro y desarrollo de relaciones multiétnicas y pluriculturales. Además, la cercanía geográfica y la estrecha unión que existe entre el desarrollo histórico de nuestros pueblos y el del imperio norteamericano, convirtieron a esta ciudad, centro de recepción de la inmigración latinoamericana y europea, en el crisol de la música popular caribeña. En las primeras décadas del sigloXX, esta ciudad recibió la llegada dela música caribeña personalizada en artistas cubanos, y posteriormente puertorriqueños. Los primeros trajeron consigo un ritmo venido de la parte más oriental y rural del país, “el son”.

Este ritmo no solo llegó a Nueva York sino que también se difundió por toda la cuenca del Caribe, pero fue en la gran manzana donde se fusionó con el jazz y diversas manifestaciones musicales afroamericanas. Para los años 50, la música caribeña se posicionaba en los repertorios de las bandas norteamericanas, al igual que extendía sus fronteras más allá del norte del continente, esto gracias al desarrollo de la radio, el cine, y las comunicaciones; en general, lo que podría denominarse la cultura de masas. En nuestro país resulta importante destacar que para la década del treinta ya se establecían bandas que interpretaban el son y diversas expresiones de la música caribeña, haciéndola popular en los sectores excluidos de nuestro país. Agrupaciones como Quinteto Tropical,Sexteto Valencey, Conjunto Rex, LosRumberos, Conjunto Pirata, Conjunto Paraguaná, Siboney y Las Flores, tocaban en casa de particulares o en locales ubicados en El Atlántico, Los Flores de Catia, Las Tinajitas, El Cuartel, sectores populares del oeste de Caracas. Esta música iba calando en los sectores de trabajadores y trabajadoras, quienes iban a mabiles, lugares de muy mala reputación, para bailar son, guasa, merengue rucaneao, entre otros géneros, en un ambiente “chabacano” sin la mirada prejuiciosa de la sociedad caraqueña.

Salsa, identidad y resistencia
El desarrollo del género denominado como salsa en nuestro país está íntimamente ligado a la compleja  trama de relaciones sociales y políticas que se consolidan y dan forma y estructura a nuestra sociedad con base en la economía extractivista. La explotación petrolera, produjo un conjunto de antagonismos que tendrán su expresión en la música popular.

El desplazamiento poblacional de las zonas rurales a los principales centros urbanos y el desinterés nada inocente de la clase política en generar fórmulas para el ordenamiento territorial y poblacional, condujeron a la emergencia desordenada de barriadas en las periferias de las principales ciudades, convirtiéndose en espacios marginados, habitados por esos hombres y mujeres invisibilizados dentro del discurso del progreso de la Venezuela petrolera. La ciudad vive un proceso atropellado de distribución en el cual se crea una clara frontera entre las comunidades segúnsea su clase social; con esto se establece una marcada diferenciación en el desarrollo de gustos y manifestaciones culturales.

El este de la ciudad y las urbanizaciones de clase media se identificaban con el surf, el güisqui y los grupos de rock; el oeste caraqueño, y demás sectores populares, hacían lo mismo con el béisbol, el ron y la salsa. La segunda mitad del siglo XX en nuestro país fueescenario convulso de lucha y resistencia por la libertady la participación de las mayorías en la vida social y política. La lucha contra la dictadura y la posterior lucha contra el represivo Estado “puntofijista”, configuró un complejo cuadro de relaciones sociales en las cuales la música caribeña, con su irreverencia, altivez y alegría, se convirtió en vitrina para expresar las más profundas desigualdades sociales a la vez que las formas populares de resistir y transformar. Con sus letras llenas de protestas instigadoras a un baile liberador, se consolida como un medio de comunicación del valor del trabajo, la importancia del amor, la alegría, y como forma de resistencia frente a un Estado represivo y al proceso de expansión de la cultura de consumo anglosajona, dispuesta a desplazar las expresiones culturales de los pueblos latinoamericanos y del Caribe.

Los barrios unidos desbordan creatividad y alegría
Si bien es cierto que la industria musical se apoderó de la salsa y la llevó a todos los rincones de la civilización humana, no solo se desarrolló con base en los términos y los cánones establecidos por el mercado capitalista; incluso en el ámbito neoyorkino desde los sesenta y setenta se desarrollaron dos tendencias: una, manteniéndose libre de ataduras y estereotipos comerciales, y otra más comercial y menos creativa. Laprimera tendencia se desarrolló desde los cincuenta conlas recordadas descargas estilo “JammSession” de Cachao López y Charlie Palmieri, que eran encuentros de músicos quienes en una improvisación libre manifestaban todo su sabor y calidad. En el ámbito nacional, de igual forma se articularon y desarrollaron experiencias similares, pero específicas y únicas por desenvolverse en los cerros y barriadas caraqueñas, con un marcado y definido contenido social y político. La salsa no era música para las élites; era música para el barrio y del barrio, entonces qué mejor escenario que sus calles y pasajes, para establecer ese contacto directo con la juventud y la experiencia, que derivó en la génesis de grupos, rumbas y canciones.

En marzo de 1974, el gobierno de Rafael Caldera inaugura el Poliedro de Caracas, una estupenda propuesta para recibir el circuito comercial de la música Caribe, pero paralelamente a la visión comercial de la música, la salsa se afianzó en Marín, San Agustín,Caricuao, El Valle, Sarría, El cementerio,La Vega, Catia, 23 de Enero y LaPastora, ente otros barrios de Caracas, en donde, a partir de 1974, se registró una ola de descargas y conciertos populares gratuitos, que marcarían profundamente a los cultores.

Estas descargas motivaron la creación de movimientos culturales y agrupaciones con una originalidad única, firmes en su trabajo con las comunidades y en la misión de llenar los barrios de paz, conciencia e identidad, combatiendo desde la cultura las miserias y flagelos del sistema capitalista. Tal es el caso de grupos como Madera en San Agustín, Taller Experimental Caricuao, Grupo Autana de Sarría, Tepuy UCV, Orquesta experimental Urbe, Grupo Benteallá, EcúYammbaO, Kimbiza, Cimarrón, Frente Cultural Caricuao, además de la creación informal y azarosa de escuelas de músicos formados en las propias calles de los barrios.

La Descarga de los Barrios: la salsa retumba en casa "Sonero Clásico del Caribe, Hoy en elbarrio La Silsa", aparecía el 7 de enerode 1978 como titular de un artículo en el diario Meridiano, en el cual se convocaba a la comunidad a asistir a la cancha deportiva del bloque 1 de La Silsa, en Catia, a presenciar la Descarga de los Barrios. En enero de 1978 se produce por iniciativa de Pedro Viloria, conguerode nuestra tierra, un show que se transformaría en un movimiento verdaderamente popular en nuestra ciudad la Descarga de los Barrios. Esta idea surge de la necesidad de ofrecer entretenimiento, música y sano esparcimiento a las zonas populares del área metropolitana de Caracas sin ningún tipo de lucro.

En palabras del propio Viloria: “Se trata de llevar un poco de alegría y sana distracción a quien no puede ir al Poliedro de Caracas, o teme hacerlo en virtud de la represión policial”. Aunado a este propósito festivo, la descarga deseaba influir en la juventud de las barriadas caraqueñas, motivar suinterés por la música; más allá de seruna labor recreativa se planteaba una labor pedagógica y social. Este movimiento no recibió apoyo del Estado, y se proponía que todos los músicos venezolanos que causaban sensación en el público se presentaran ante ellos. La idea era que los músicos no perdieran contacto con la gente, que se nutrieran en un proceso recíproco y que devolvieran al pueblo un poco de toda esa experiencia de vida que nutre a la salsa.

La descarga se presentó en La Cañada, parroquia 23 de Enero, San Agustín, La Cruz de Paria, el polideportivo de La Guaira, y Propatria, entre otros sectores populares. En este movimiento y en las diversas presentaciones llegaron a participar músicos internacionales de la talla de Eddie Montalvo, José Mangual y Harry de Aguiar, así como artistas nacionales como Alberto Cocca, Coco Ortega, Nelson Navas, César Monge, Freddy Nieto y el mismo Pedro Viloria, entre otros; además de diversas agrupaciones, talescomo Grupo Rebelión 75, Franco y  sus muchachos Nuestra Orquesta La Salsa Mayor, La Selección, Alma Caliente, La Corporación, entre otras, teniendo muchas de ellas la primera oportunidad de presentarse al público.

La Descarga de los Barrios, además de ser un espacio en donde participaban diversas agrupaciones, también originó una banda, que en 1978 estaba conformada por Orlando Watusi, Nano Grand, Alberto Cocca, Andy Ortega, Nelson Navas, Rodrigo Calavén en las voces, en los pianos AviaserDabuaterry, Cheo Mendoza, Francisco “Kiko” Rivero, y en el tres Raúl Parada. La receptividad del público fue única e inigualable: en cada presentación se mantuvieron bailando más que un trompo hasta el  final de la descarga.

Tras un período de tinieblas en cuanto a la popularidad y difusión de la salsa en nuestro país, la Descarga de los Barrios apareció de nuevo tras 30 años de ausencia, en unperiodo de transformación e inclusiónsocial y política. El 28 de agosto de 2010, en La Cañada, parroquia 23 de Enero, se dispuso de nuevo a dar cabida a ese espacio de libertad y comunión creativa, emblema de la resistencia cultural y social de nuestro pueblo. La salsa, pese a las modas efímeras, jamás perderá su vitalidad y efervescencia, pues ella es la crónica viva de la historia de los excluidos de nuestra tierra, es más que un género musical, es memoria e identidad colectiva.