Desde los inicios de nuestra historia republicana hubo textos elaborados con la finalidad de orientar la conducta en sociedad, tales como catecismos, lecciones y lecturas de familia. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, aparecerían los manuales de comportamiento y los textos de educación familiar, los cuales intentarían el ordenamiento de la vida privada y pública para la creación del ciudadano modelo. En todo caso, no era suficiente reglamentar el comportamiento social, era necesario moldear la conducta, disciplinar el cuerpo y la mente del individuo para convertirlo en un hombre civilizado, que pudiera vivir en una ciudad moderna como se estaba convirtiendo en apariencia Caracas. Entre los textos que fueron fundamentales en la modelación de los nuevos hábitos, el que tuvo mayor difusión y receptividad, tanto en Venezuela como en el resto de los países hispanoamericanos, fue el Manual de urbanidad y buenas maneras de Manuel Antonio Carreño, publicado en 1854, obra que se reeditó varias veces durante el dilatado gobierno de Antonio Guzmán Blanco (1870-1887).
Los manuales, y en especial el de Carreño, dejaban en claro que las reglas de urbanidad y buenas maneras debían ser observadas sin excepción por todos los estratos y grupos sociales. Para este fin, se toma como modelo el estilo de vida de los sectores más acomodados de la sociedad. Así, el nivel social se deja traslucir en las secciones dedicadas al trato a los sirvientes, al comportamiento en las visitas a las casas de campo de los amigos y a la utilización de ciertos espacios dentro del hogar.
Por otra parte, una de las funciones principales de estos manuales era presentar como naturales, eternos y universales los valores y las prácticas culturales de la burguesía. Estos textos garantizaban, además, que desde la más temprana infancia el futuro ciudadano asimilara la visión de mundo burguesa, aunque el control sobre los niños y niñas no se limitó a las costumbres cotidianas, llegó a abarcar al propio cuerpo.
El cuerpo dominado
Los manuales de urbanidad fueron instrumentos eficaces para hacer que los ciudadanos asumieran y reprodujeran comportamientos relacionados con el disciplinamiento de su cuerpo. Por ello, las necesidades biológicas y las secreciones corporales tenían que ser reprimidas, sometidas a reglas y, si era preciso, hacerlas invisibles a los ojos de la sociedad. El control de las pulsiones, sobre todo las sexuales, era sólo posibles a través de la introducción de prácticas que se convertirían en hábitos.
Los manuales de urbanidad fueron instrumentos eficaces para hacer que los ciudadanos asumieran y reprodujeran comportamientos relacionados con el disciplinamiento de su cuerpo. Por ello, las necesidades biológicas y las secreciones corporales tenían que ser reprimidas, sometidas a reglas y, si era preciso, hacerlas invisibles a los ojos de la sociedad. El control de las pulsiones, sobre todo las sexuales, era sólo posibles a través de la introducción de prácticas que se convertirían en hábitos.
El resultado sería más eficaz si se empezaba desde la niñez, ya que de esta forma se inscribía permanentemente el sello de la sociedad en el cuerpo del niño y la niña. Según Carreño, el dominio sobre las emociones y el cuerpo era producto de una labor constante, por lo cual “…natural es convenir en que debemos emplear nuestra existencia entera en la nobel tarea de dulcificar nuestro carácter, y de fundar en nuestro corazón el suave imperio de la continencia, de la mansedumbre, de la paciencia, de la tolerancia, de la resignación cristiana y de la generosa beneficiencia”.
Estos manuales son guardianes del orden y el progreso contra las fuerzas libres del deseo que expresan la barbarie y la anarquía, las cuales amenazaban la estabilidad social. En este sentido, “La urbanidad es una emanación de los deberes morales, y como tal, sus prescripciones tienden todas á la conservación del orden y la buena armonía que deben reinar entre los hombres, y á estrechar los lazos que los unen, por medio de impresiones agradables que produzcan los unos sobre los otros”, sostendría Carreño.
Igualmente, para este preceptor de urbanidades, uno de los métodos donde mejor se expresaba el control sobre el cuerpo era la imposición del hábito del aseo personal, cuyo fin era la eliminación de las secreciones y olores naturales: “El aseo en nuestra persona debe hacer un papel importante en nuestras diarias ocupaciones; y nunca dejaremos de destinarle la suma de tiempo que nos reclame, por grande que sea la entidad y el número de los negocios á que vivamos consagrados”.
Todo bajo control
Todo tenía que estar bajo control y ser objeto de asepsia. Los hombres podían dejarse crecer la barba, pero debían cuidarla y peinarla varias veces al día. También se debía cuidar el crecimiento desordenado del pelo y el vello. En el Manual de Carreño hay instrucciones expresas sobre el largo del bigote, que no debía caer sobre los labios, e incluso son indeseables los pelos que crecen en lugares considerados inapropiados a los ojos de la sociedad, tales como la nariz y las orejas.
Todo tenía que estar bajo control y ser objeto de asepsia. Los hombres podían dejarse crecer la barba, pero debían cuidarla y peinarla varias veces al día. También se debía cuidar el crecimiento desordenado del pelo y el vello. En el Manual de Carreño hay instrucciones expresas sobre el largo del bigote, que no debía caer sobre los labios, e incluso son indeseables los pelos que crecen en lugares considerados inapropiados a los ojos de la sociedad, tales como la nariz y las orejas.
Incluso hasta el tiempo dedicado al descanso es producto del control social, ya que los individuos no deben abandonarse al placer improductivo del acto de dormir, debiendo acomodarse a un horario.
El Manual es el texto más acucioso al respecto, dedicando un capítulo a exponer una serie de reglas de todo lo que no se debe hacer mientras se duerme. El sueño: “Guárdemos de entregarnos nunca al rudo y estéril placer de dormir en exceso, y no permanezcamos en la cama sino por el tiempo necesario para el natural descanso”. En los manuales hay una suerte de especialización por género y edad, unas normas están dirigidas a los hombres y otras a las mujeres. Por ejemplo, El consejero de la juventud de Francisco González Guinán está dirigido especialmente a los jóvenes. En el propio “Compendio” del Manual de Carreño hay una “Urbanidad en verso para niñas”. En este sentido, la distinción y especialización llega a expresarse en el tipo de lenguaje utilizado, prosa para los hombres y verso para las niñas.
Los manuales de comportamiento presentan modelos hegemónicos del hombre, de la mujer y de la familia venezolana moderna. Estos modelos se correspondían con las prácticas sociales y con la representación que la burguesía urbana tenía de las relaciones sociales a finales del siglo XIX. Todo lo cual no deja de ser un violento proceso de imposición de hábitos que terminan siendo asumidos como algo natural, pero que en realidad se ajustan a los nuevos requerimientos del sistema capitalista.
UN MANUAL DE URBANIDAD PARA LA HIGIENE PÚBLICA
Uno de los más decididos promotores y defensores de los preceptos sanitarios en el Septenio guzmancista fue el médico José Manuel de los Ríos, quien en su Tratado elemental de higiene (Caracas, Imprenta de Espinal e Hijos, 1874) intentaba orientar a la ciudadanía sobre ciertas reglas y hábitos en torno al tema, los cuales ayudarían a la prevención de enfermedades. El opúsculo, más que un tratado a la usanza de su modelo europeo, se acercaba a los manuales de urbanidad que ya habían sido lectura frecuente para las élites en la vida republicana. Sus criterios higienistas coincidían, a su vez, con las nociones más generales de comportamiento público propugnadas por los intelectuales afines a las ideas de la época.
UN ENSAYO DE COMUNISMO PRÁCTICO
“…es de la mayor importancia inculcar desde muy temprano en los niños el deber fundamental de respetar en toda circunstancia el derecho de propiedad. Un niño al hacer sus primeros ensayos de comunismo práctico, apoderándose por astucia o por la fuerza, de los juguetes de sus compañeros, de seguro que no sabe lo que hace: es decir, que no conoce la malicia del acto; pero á la madre toca hacérselo conocer.” José Miguel Garabot Sterling, Anomalías del hogar doméstico, o sean estudios de la vida privada. Caracas, Imprenta de Espinal e Hijos, 1886.
“…es de la mayor importancia inculcar desde muy temprano en los niños el deber fundamental de respetar en toda circunstancia el derecho de propiedad. Un niño al hacer sus primeros ensayos de comunismo práctico, apoderándose por astucia o por la fuerza, de los juguetes de sus compañeros, de seguro que no sabe lo que hace: es decir, que no conoce la malicia del acto; pero á la madre toca hacérselo conocer.” José Miguel Garabot Sterling, Anomalías del hogar doméstico, o sean estudios de la vida privada. Caracas, Imprenta de Espinal e Hijos, 1886.
UNA JERARQUIZACIÓN CATEGÓRICA
“La urbanidad estima en mucho las categorías establecidas por la naturaleza, la sociedad y el mismo Dios; así es que obliga á dar preferencia á unas personas sobre otras, según el rango que ocupan, la autoridad que ejercen y el carácter > Manuel Antonio Carreño, Compendio del manual de urbanidad y buenas maneras. París, Librería Española de Garnier Hermano, 1896.
“La urbanidad estima en mucho las categorías establecidas por la naturaleza, la sociedad y el mismo Dios; así es que obliga á dar preferencia á unas personas sobre otras, según el rango que ocupan, la autoridad que ejercen y el carácter > Manuel Antonio Carreño, Compendio del manual de urbanidad y buenas maneras. París, Librería Española de Garnier Hermano, 1896.


