martes, 8 de diciembre de 2015

FRAGMENTO PRIMERA CARTA DE COLÓN: INVITACIÓN AL SAQUEO



Carta de Cristóbal Colón a Luis Santángel

El 3 de agosto de 1492, una pequeña flota integrada por tres embarcaciones: las carabelas La Niña y La Pinta, acompañadas de la nao Santa María, zarpan, comandadas por el almirante genovés Cristóbal Colón, desde el puerto de Palos de la Frontera (ubicado en la actual provincia de Huelva, España) rumbo a un destino incierto. La expedición fue fi nanciadaen principio por la corte de los llamados reyes católicos españoles, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes tenían un gran interés en una nueva ruta comercial hacia el oriente y reactivar la economía de un reino en ruinas. Una cosa era urgente para la voz del invasor: descubrir y tomar posesión del camino más corto entre España y la China, y hacerse con el poder comercial universal.

“EN LAS TIERRAS HAY MUCHAS MINAS DE ME TALES…”
Este es el trasfondo ideológico de esta imagen inicial. Más que un simple interés por comprobar la esfericidad de la tierra, el viaje a lo desconocido buscaba dar con el botín, que a la postre signifi caría el más atroz genocidio de que tenga noticia la humanidad.

Finalmente la primera incursión de los invasores europeos se inició aquel 12 de octubre de 1492, llegando a Guanahani, una de las islas del archipiélago de las Antillas. Aprovechamos este espacio para presentar fragmentos —respetando el castellano original del siglo XV—de la primera carta que escribió Colón donde se narra la primera visión de lo americano. En estos testimonios veremos la cosmovisión europea de fi nalesdel siglo XV, ya sea en términos económicos, geográficos, religiosos y culturales. La voz del invasor que comenzará a expoliartodo un continente.

15 de febrero de 1493   
En ella [Isla Juana (Cuba)] hay muchos puertos en la costa de la mar, sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla. Las tierras de ella son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil  fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los ví tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban  oridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. (…)

Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo. (…) Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio,luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se ledé, por ello se van contentos. (…)

Ellos tienen en todas las islas muy muchas canoas, a manera de fustas de remo, de ellas mayores, de ellas menores; y algunas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos. No son tan anchas, porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas al remo, porque van que no es cosa de creer. Y con éstas navegan todas aquellas islas que son innumerables, y tratan sus mercaderías. 

Alguna de estas canoas he visto con 70 y 80 hombres en ella, y cada uno con su remo. (…) La gente de esta isla [Cuba] y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una co¬ a de algodón que para ellos hacen. (…) En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindoacatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares… En todas estas islas no vi mucha diversidad de la hechura de la gente, ni en las costumbres ni en la lengua; salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular para lo que espero que determinaran Sus Altezas para la conversión de ellos a nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos. (…)
En las tierras hay muchas minas de metales, y hay gente en estimable número. 

La Española [actual República Dominicana y Haití] es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas,y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, paraedi¬cios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana [actual Cuba]. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales.

Fuente: Colón, Cristobal. Textos y documentos completos: relaciones de viajes, cartas y memoriales. Madrid, Editorial Alianza, 1984.