La Revolución Industrial logró generar en la humanidad una dependencia motora. Estableció que el tiempo y el espacio se pueden cuantificar; y la producción, garantizar el poder.
En su segunda etapa (1875-1914), esta revolución incluyó rasgos prácticos en la producción; el Fordismo, nombre derivado de su creador Henry Ford, quien implementa en su empresa automovilística el montaje en cadena, especializa las técnicas y ubica a los obreros según su capacidad, haciendo que sus estudios se orienten hacia la especialización del trabajo para hacer más productiva a la empresa y finalmente a su vida.
El fordismo es una filosofía que no se enuncia en fórmulas sino que se afirma en acción, apoderándose, a comienzos del siglo XX, de las técnicasempleadas en las principalesempresas; su aplicación tiene como finalidad que la producción prosiga en incesante crecimiento.
La población que emplea esta filosofía debe tener una composición racional, lo cual significa, según Gramsci, “que no existan numerosas clases sin ninguna función primordial en el mundo productivo”. Si trasladamos esto al Estado como ente hegemónico, promovedor de consensos, éste plantaría las bases de la industria en la nación, haciendo que los elementos superestructurales sean dominados de forma inmediata por la economía, con la consiguiente racionalización de los intermediarios profesionales de la política y la ideología.
La racionalización de la industria determinó la creación de un nuevo ser humano cuya conducta económica debe interpretarse en términos de eficiencia, productividad y modernización.
Invasión ideológica
En Venezuela, con las primeras empresas petroleras a comienzos del siglo XX, llega la maquinaria pesada para tratar el preciado mineral; la Caribbean Petroleum y la Creole Petroleum Company entre otras, empiezan a moldear una nueva fase de la producción, el capitalismo imperial.
En el sur del Lago de Maracaibo se estrenaría esta nueva fórmula de producción social; lo primero era buscar personal que realizara el trabajo pesado de construcción de torres, instalación de oleoductos, extracción y distribución; quien colma esa necesidad es el campesino, que pasa a la industria relacionándose con el musiú o maifren en los campos petroleros.
Los campos petroleros tienen como característica la sectorización urbanística y empresarial; el obrero se relaciona con sus jefes observando y relacionándose con una imagen ajena a su formación, que trae consigo una estructura material de poder, es allí cuando se empieza a gestar el hombre-petróleo; Rodolfo Quintero se refiere a este “nuevo” hombre como los “nacidos en Venezuela pero que piensan y viven como extranjeros; hombres de las compañías y para las compañías, personas antinacionales (...) asimilándose propios de la cultura del petróleo y tienden a sustituir lo venezolano por lo norteamericano principalmente. Su estilo de vida copiado, impuesto, lo consideran expresión de progreso”. Este hombre de las compañías y para las compañías fue formado para que su vida girara en torno a la productividad, entendiendo que los demás también están produciendo incesantemente, para ser consumistas infatigables.
Al instalarse las empresas petroleras en territorio venezolano, comienza a llegar un nuevo modo de vida que actúa enajenando nuestras necesidades, cambiando nuestros símbolos de relación social y material, nos referimos a los campos petroleros del grupo Shell, en Cabimas, Ciudad Ojeda y Lagunillas, entre otros, que sirven como imagen ideológica sobre el campesino invadido, para presionar sobre cuál es el fin de obtener dinero: gastarlo en productos importados que traen inmerso un estilo de vida modernizado, inoperable a la realidad del campo. Cocinas a gas, lavadoras, radios, automóviles, wiskhy, etc., llegaban a los puertos venezolanos y a las principales ciudades, haciendo que dichos productos marcaran una distinción social; los autos modelo Ford T empezaban a rodar por las calles de barro y piedra de Maracaibo, Valencia y Caracas. Las quintas con garaje, vigilancia privada y altas rejas que protegían los privilegios del alto mando empresarial, hacían que el venezolano enajenando considerara que solo a través de entregar su fuerza de trabajo a la empresa podría gozar de esos privilegios.
La importación de productos de consumo empezó a subir desde el año 1926, pasando del 43,3 por ciento hasta llegar en 1944 a 55,2 por ciento, la mayoría provenientes de EstadosUnidos; esta relación comercial se afianzará con los convenios del Gobierno Nacional venezolano con aquel país en el año 1952, y aún más con la justificación social internacional de higiene y saneamiento de la UNESCO, con la cual empieza a configurarse el hogar venezolano: el cemento, el bloque de arcilla y los techos impermeabilizados reemplazarían a la palma, al bahareque y al piso de tierra, con la justificación sanitaria de la lucha contra el mal de chagas; además, la introducción de una serie de servicios públicos como electricidad, gas, agua potable, caminos asfaltados, direccionarían al pueblo a mayores grados de dependencia del ente privado, esta vez afianzado con el Estado.
La imagen norteamericana
Los trabajadores y obreros extranjeros que llegaron desde Norteamérica a los campos petroleros trajeron consigo una cultura propia del consumo, donde el individualismo figuraba en cada producto obtenido por la fuerza de trabajo entregada.
El automóvil transporta a cuatro personas, número medido para un núcleo familiar; la comida rápida surge, ya que se entiende que la hora de comer es improductiva y hay que hacerla breve; las máquinas realizan los trabajos rutinarios; la radio y posteriormente la televisión, son los principales surtidores de información para las relaciones sociales. Todo este modelo de vida es reproducido por publicistas que plasman el uso y beneficio del producto a obtener, y de cómo éste hará la vida más fácil y moderna.
Los productos de Hollywood se exponen en los teatros Ayacucho y Baralt en los que se proyectan películas con actores que simbolizan sentimientos y emociones, que moldean actitudes frente a la cotidianidad: el hombre con el carro, la mujer realizando oficios en la casa, el progreso contra la barbarie, es la lucha de la cultura estadounidense contra las otras que obstruyen el paso para que la industrialización sea la base de la sociedad. Películas como King Kong, Casablanca, y demás creaciones cinematográficas tuvieron éxito en taquilla, y miles de venezolanos visualizaban la ropa, las casas, los autos y los artículos que usan los ídolos del séptimo arte, y que se podían conseguir en los anaqueles de los comercios importadores que iban surgiendo en la artesanal Venezuela.
El fordismo fue el modelo a seguir por las empresas manufactureras que surgen en Venezuela a mediados del siglo XX, distribuyendo la filosofía de producción por todo el territorio nacional. Las alianzas entre el gobierno y los entes privados llevaron a que eficiencia, productividad y modernización fuesen ideologías a seguir, en las que el progreso de la vida está fijado en lo extranjero.


