jueves, 7 de enero de 2016

ENTREVISTA A VLADIMIR ACOSTA “ESTAMOS DISPUESTOS A DEFENDER LOS LOGROS REVOLUCIONARIOS” Por: ANDRÉS PARAVISINI Publicada en Revista Memorias de Venezuela No. 27

En opinión del historiador Vladimir Acosta, la fecha eleccionaria del 7 de octubre de 2012 no es una fecha más en nuestra vida democrática; al contrario, en ella está en juego la soberanía venezolana y Nuestramericana. Con más precisión, señala el estudioso, el pueblo debe estar alerta frente al imperialismo estadounidense, porque históricamente —desde el siglo XIX— ha sido el responsable de las más funestas violaciones a la autodeterminación de nuestras naciones.

Las raíces del poder estadounidense
¿Cuál es el primer signo de injerencia imperialista en América Latina?
Evidentemente desde que los ingleses y franceses empiezan a practicar, desde el siglo XIX, injerencias de todo tipo: guerras, toma de puertos y aduanas para cobrar deudas no pagadas o atrasadas. Incluso hubo invasiones como el caso de Inglaterra en Honduras, o la toma de Las Malvinas en 1831. Pero el problema del imperialismo en América Latina está asociado, y no podía ser de otra manera, a los Estados Unidos (EE UU) que antes de ser considerada una potencia había expandido su territorio con la primera agresión en Texas, y luego la guerra en la cual le robaron a México la mitad de sus tierras. Eso empezó en 1835 y se extendió a 1848.

¿Cuál es el momento histórico en el que ya podemos hablar de imperialismo yanqui e injerencia en América Latina?
Eso es importante. Hablamos del concepto de imperialismo en términos del desarrollo capitalista. Es lo que los investigadores, particularmente los marxistas, de principios del siglo XX, definieron como  ese poder expansionista asociado a la existencia de monopolios y dominado por la oligarquía financiera, dueños de industrias y de la banca. Los EE UU llegan a ese capitalismo más tarde, escudados en el hecho de que antes eran una colonia, se disfrazaban de anticolonialista frente al emporio inglés y francés. Después de la guerra civil estadounidense, a fines delsiglo XIX, la expansión de esta nación es totalmente imperialista. 

Háblenos del sustento ideológico del expansionismo estadounidense...
En efecto, toma un auge con la aparición de la doctrina del filósofo John Adams y atribuida al presidente James Monroe en 1823, patentizada en el lema: “América para los americanos”. Sin embargo, será en el Destino Manifiesto a partir de 1845 cuando el perfil imperialista se decanta aún más, autoproclamándose como el nuevo pueblo elegido por la Providencia para adueñarse del continente. Fue el Señor quien reveló, religiosamente, el destino estadounidense: invadir y dominar civilizatoriamente no solo América, sino —y como se verá a lo largo del tiempo— al mundo entero. Así se instaura un dogma, porque con Dios no se puede discutir; un dogma que enaltece una hegemonía comercial, financiera y política, sin necesidad de llegar al colonialismo.

¿Cuál sería su objetivo puntual?
Tener el control, saquear recursos, materias primas, buscar nuevos mercados, imponer políticas de dominación a los países de la región. Ese ha sido desde entonces el dominio de los EE UU en todo el siglo XX y de lo que va del XXI; y cuando los pueblos reaccionan contra él y logran entablar gobiernos más o menos independientes, soberanos o progresistas, los derrocan mediante golpes de Estados e invasiones.

Desde 1821, cuando estaba consolidada la independencia latinoamericana y había una visión de la integración americana bajo la concepción de Bolívar, ¿qué papel jugó el gobierno norteamericano entonces?
Los Estados Unidos no tenían una vocación imperialista para ese entonces, de tal manera que no se puede decir que Bolívar haya tenido un pensamiento de ese tipo. El escritor cubano Francisco Pividal, en su libro Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo habla de ello partiendo de la denuncia que hace el Libertador en 1829, desde Guayaquil, en donde prevé que el país norteño parecía estar llamado a inmiscuirse en las soberanías de nuestros pueblos. Pero hay que aclarar: es forzado decir que el caraqueño hubiese tenido esta concepción. Que la intuye es otra cosa.

¿Cuál fue el tratamiento de este neocolonialismo con los pueblos autóctonos, originarios?
Mira, fue un desastre, despiadado e inhumano. Dentro de los EE UU, los masacraron y mantuvieron a los negros en la esclavitud. Así se forman las peculiaridades de esa democracia modélica; una república repleta de las taras esclavistas, además del racismo y la desigualdad. Un Estado asesino de indígenas en su carrera desde la costa este a la oeste, un afán donde la hegemonía, a lo interno, se formalizó a plomo limpio. Como vemos, un sistema neocolonial interesante y peculiar.

Desmontando la colonialidad

Háblenos de los inicios del pensamiento antiimperialista...

La cosa empieza un poco antes con José Martí que denunció al emporio estadounidense, revivió la idea de la patria grande y fue defensor de los sectores populares por los que salió a luchar, y a morir, por la independencia de Cuba. Sin embargo, no dejó una obra que se pueda considerar un programa doctrinal al respecto. Luego está Manuel Ugarte, un pensador argentino, verdaderamente el antiimperialista más valioso y más firme de toda América Latina y que las oligarquías se las han arreglado para silenciar. A diferencia del resto que empezaron denunciando los tentáculos de Washington y terminaron apoyándolo. Este fue un hombre firme y consecuente, dejó una amplia obra al respecto. Durante los años 1911 y 1913 hizo una gira por Latinoamérica denunciando las apetencias de Washington.

Víctor Haya de la Torre, fue otro de ellos, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), aunque terminó tristemente al servicio de la Casa Blanca. En 1924, exiliado en México, creó aquel partido con un programa inspirado en la patria grande indoamericana, rescatando las raíces indígenas que proponían el desarrollo y crecimiento industrial que se enfrentara a las oligarquías y permitiera la revolución agraria. Con ese programa se fundaron varios partidos en América Latina, Acción Democrática (AD), por ejemplo.
En los años veinte también tenemos al nicaragüense Augusto César Sandino, que no fue un teórico, pero comulgó con las ideas en pro de la unidad latinoamericana, valiéndose de los postulados bolivarianos en defensa de las masas empobrecidas.

Un combate que no cuajó bien por las diferencias ideológicas de los partidos socialdemócratas y de la izquierda en general…
Podría decirse eso. Al principio, la denuncia antiimperialista no es muy original porque está manejada, por un lado, por los socialdemócratas, como el APRA, AD y otros organizaciones reformistas que partiendo de una condena al poder yanqui terminan siendo instrumento de él. Por otro lado, están los partidos comunistas con una posición muy limitada por la relación que los ataba a la Unión Soviética. De tal manera que en algunos casos la posición antiimperialista de la URSS no tenía nada que ver con la realidad de nuestros pueblos donde los obreros seguían siendo explotados. Lo socialdemócratas le sacaron provecho a eso. En esa década hubo un estancamiento en esta lucha por la soberanía de los países latinoamericanos.

Entonces, ¿existió o existe una verdadera corriente antiimperialista?
Sí, la hay. Empieza a adquirir originalidad en los años sesenta con la teoría de la dependencia, que es una creación original y única. Esta contribuye mucho a esta causa. En ella participan numerosos intelectuales de formación marxista, como Henrique Cardozo, Enzo Faleto, Helio Jaguaribe, Celso Furtado, todos ellos nacidos en Brasil.

En el caso venezolano, Armando Córdova, Héctor Silva  Michelena y otros, fueron defensores de una lectura que denunciaba que el capitalismo nuestro no iba a seguir el mismo camino de los países desarrollados, sino que por el contrario, el subdesarrollo era el modelo que nos había tocado en esa repartición del mundo capitalista para mantenernos dependientes y sometidos. 

Esa teoría ayudó a definir políticas de desarrollo interesantes. En los años ochenta y noventa hubo otra corriente importante de denuncia contra la colonialidad, que es otra interpretación latinoamericana donde estuvo Aníbal Quijano en Perú, Walter Mignolo en Argentina, Edgardo Lander en Venezuela. Ellos analizaron el tema de la colonialidad como un instrumento que afecta nuestra identidad, un instrumento de poder del imperialismo que tiene que ver no solo en lo económico, sino también en el orden cultural.

Romper la hegemonía: el combate actual

¿Cómo se expresa entonces el poder estadounidense hoy día en América Latina?
No cabe duda que se manifiesta hoy con más cuidado porque en Latinoamérica se han estado produciendo despertares populares y triunfos políticos invalorables. Es el caso de la revolución bolivariana encabezada por Hugo Chávez en Venezuela, la de Evo Morales en Bolivia, la de Rafael Correa en Ecuador, la de Daniel Ortega en Nicaragua; y con matices más reformistas y derechistas, la de Lula da Silva en Brasil y la de Cristina Fernández en Argentina. Estos países han definido sus políticas en el apoyo a los sectores populares e históricamente explotados. Al imperialismo norteamericano le resulta más difícil, a pesar de todo su poderío tecnológico-mediático ymilitar, promover abiertamente invasiones. Allí están los ejemplos de Libia, Siria, Iraq o Afganistán. Esto noexcluye las conspiraciones, los golpes de Estado, como ocurrió aquí en abril de 2002, en Bolivia o en Ecuador.

Vuelvo a la frase de Bolívar: “Los EE UU parecen destinados por la Providencia a cubrir a América de miserias en nombre de la libertad”. Agregaría otro elemento: no es solo de este continente, yo diría del globo terraqueo, fundamentando la barbarie a nombre de la democracia, la libertad y el libre comercio. Hoy día la ventaja que tenemos los pueblos de Latinoamérica es clave: estamos dispuestos a defender los logros revolucionarios.

Viéndolo desde ese punto, la Casa Blanca se ve amenazada por estos despertares revolucionarios...
Exacto. El imperialismo tiene hoy a su cuarta flota recorriendo nuestro continente, está metido en todas partes y además controla los medios de comunicación: su poder ideológico fundamental. Cuando llegue el momento, promociona golpes de Estado como el perpetuado al presidente Manuel Zelaya en Honduras. Es decir, ellos siguen laborando en todas las alternativas, aprovechando todas las coyunturas conflictivas para entrometerse y violar la soberanía y la autodeterminación de nuestros hermanos países.

Tenemos el caso, por ejemplo, de la oposición venezolana, la cual está apostando —en el marco de la contienda electoral del 7 de octubre— a que Washington pueda tratar de meterse de alguna forma, eso sí, pero intentando ocultar la mano peluda que encabeza el movimiento. Para eso tienen, en nuestro propio suelo patrio, aliados políticos, económicos, ideológicos y hasta sociales que representan los mismos intereses o son servidores de estos. Llámense oligarquías o grupos dominantes, que antes eran terratenientes y comerciantes; y ahora han derivado a ser banqueros, empresarios, políticos domesticados por el neoliberalismo. Eso son los aliados que tiene el imperialismo en todas partes.

No es suficiente tener un proyecto de país de carácter nacionalista para enfrentarse a Washington... 
No basta por supuesto. Hay que desarrollar una política de unidad latinoamericana, de reconstrucción y reedición en todos los niveles y como se pueda, de esa patria grande. Sin esto no hay manera de evitar que nos vayan liquidando uno por uno. Al mismo tiempo, porque es parte del mismo proceso. Hay que denunciar todas las conspiraciones, las intrigas y las mentiras yanquis e ir tratando de salirse de su radio de acción.

¿Qué papel juegan las nuevas organizaciones como el Mercosur y la Unasur en esta política de soberanía latinoamericana?
Creo que se está haciendo un esfuerzo enorme, y que evidentemente hay que seguir profundizando, porque es una de las fuentes para garantizar nuestra unidad e identidad frente a las amenazas de hegemonía e invasión directa del imperialismo norteamericano. De alguna manera hay que enfrentar todo eso forjando teorías, praxis nuevas, creando organismos nuevos.

Es decir, infiere que sí se puede vencer…

Es posible vencerlo. El problema es con qué, cuándo y cómo. Pero una cosa clave es que no se puede vencer mientras el pueblo estadounidense siga siendo ese pueblo imbécil, domesticado, borrego, colonizado y hasta cómplice porque sus condiciones de vida dependen de ese saqueo mundial. En la medida en que EE UU pueda surgir un movimiento de lucha con capacidad transformadora, y que esto también ocurra en Europa donde ya ha pasado, esta faena tendrá la fuerza suficiente para proponer cambios dentro de aquel país.

¿Es posible coexistir con el imperialismo?

Tenemos mucho tiempo coexistiendo con él, pero eso es una manera de ver las cosas, como decir que un pobre recogelatas coexiste pacíficamente al lado de un multimillonario como Bill Gates. Por supuesto que no, coexistir significa existir con igualdad de condicionesy de derechos humanos, sin explotación, sin miseria, y todas esas agresiones y todos esos crímenes que cometen. Eso es otra forma de coexistir, que es la de vivir todos como seres humanos, esto es, la justicia social.