Luego de la jornada del 23 de enero de 1958, en la que el pueblo venezolano junto con las Fuerzas Armadas derrocó al régimen de Marcos Pérez Jiménez, los principales actores políticos del momento comenzaron un intenso debate en torno al nuevo modelo de Estado que debía adoptar el país. Sin embargo, las inquietudes elitistas no tardarían en aparecer con miras al proceso electoral del 6 de diciembre de 1958; estas, instituidas en toldas partidistas, intentarán cerrarle el paso a los sectores divergentes con la firma del llamado “pacto de Punto Fijo”, táctica unitaria que deseaba instaurar los postulados de la democracia burguesa.
1958: ¿ahora qué?
A partir de enero de 1958, los intereses sectarios se entrecruzan con el ideal unitario en contra del militarismo. En aquel entonces, el papel de los líderes políticos de Acción Democrática (AD), Copei y Unión Republicana Democrática (URD) consistía en hallar una vía donde las distintas aspiraciones pudieran coincidir en un programa de mutuo acuerdo, con vistas de establecer un gobierno democrático representativo, fortalecer el hilo constitucional y respetar los resultados electorales. Conciliar los anhelos doctrinales y las pretensiones en juego no era una tarea fácil. Era necesario entablar el diálogo para erradicar los fantasmas del golpismo cuartelero y, con ello, echar las bases de un estamento civil erigido por el voto popular y legitimado por las instituciones del Estado. El espíritu del 23 de enero —el factor del consenso nacional— exigía una sintonía en la opinión pública capaz de enfrentar las divergencias que surgirían a partir de la caída del perezjimenismo. Esa esperanza coaligada caracterizará el transcurso de 1958.
La presión de la opinión pública
Al revisar la prensa escrita del año 1958 en Venezuela, encontramos una gran gama de opiniones que coinciden en un aspecto: la crítica a las fracciones partidistas. ¿La razón? Las apetencias de estas por alcanzar el poder en una coyuntura de correlación de fuerzas políticas, económicas y sociales. Pese al espíritu unitario que reinaba en el pueblo luego del 23 de enero, los bandos fueron ventilando sus diferencias durante los meses previos al evento electoral, desavenencias que apostaban por un viraje hacia una democracia excluyente.
Al revisar la prensa escrita del año 1958 en Venezuela, encontramos una gran gama de opiniones que coinciden en un aspecto: la crítica a las fracciones partidistas. ¿La razón? Las apetencias de estas por alcanzar el poder en una coyuntura de correlación de fuerzas políticas, económicas y sociales. Pese al espíritu unitario que reinaba en el pueblo luego del 23 de enero, los bandos fueron ventilando sus diferencias durante los meses previos al evento electoral, desavenencias que apostaban por un viraje hacia una democracia excluyente.
La prensa escrita expresaba su disgusto con las llamadas “Mesas Redondas de Partidos”, creadas para lograr un consenso sobre las elecciones presidenciales.
A través del papel y la tinta se desenmascaraba la incompetencia de estos aparatos políticos, catalogándolos de estériles por el hecho de que no existía en ellos el debido compromiso y mucho menos el propósito impostergable de converger en un candidato único.
Desde la tribuna impresa también hallamos constantes ataques hacia los aspirantes que iban y venían en el concierto público. Según la prensa, aquellos encuentros de negociación no brindaban los frutos deseados y parecía, al contrario, que las toldas deseaban guardar silencio sobre lo discutido o negociado puertas adentro. Así se fue configurando en la opinión pública un juicio tajante acerca de esas mesas redondas; dejando al descubierto sus inoperancias y sus veladas intenciones: agotar el tiempo para obtener un acuerdo de concordia nacional. En fin, no existía voluntad ni ánimo al respecto.
Las caricaturas en acción
La prensa asumió un rol de importancia en la vida nacional. En este ámbito las caricaturas juegan un papel clave en la crítica política y social. El discurso animado mide el sentir popular y sopesa la presión que se sustrae de él, ironizando la ineficiencia de los partidos, sus figuras y rivalidades.
La inestabilidad reinante en el país, las acciones intrigantes de las agrupaciones y la desesperación del pueblo en defensa de la unidad estaba en peligro constante; todo este ambiente es patentizado en artículos, manchetas y caricaturas por los ingeniosos humoristas, empleando las formas más audaces de la parodia para analizar y describir a la Venezuela de entonces. Las caricaturas se centran, principalmente, en recrear la tardanza de las toldas políticas para elegir un aspirante unánime a la presidencia de la república, manifestando las apetencias que entorpecían esta meta. Como sabemos, los principales partidos en pugna que en un principio hicieron creer que luchaban por una candidatura coaligada se dieron cuenta que esta afectaba sus aspiraciones por el poder: apoyarla era contraproducente. En vista de estas divergencias resultaba lógico que las mayorías estuvieran fiscalizando las propuestas en torno a este esfuerzo mancomunado. Frente a la imposibilidad de llegar a un acuerdo, las organizaciones AD, Copei y URD firmaron un pacto de gobernabilidad a través de sus principales líderes, rompiendo finalmente con este anhelo. Aún antes del 6 de diciembre de 1958, las matrices de opinión exigían a Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Wolfgang Larrazabal deponer sus pretensiones electorales en aras de fortalecer el clima de concordia. La razón: no eran considerados representantes del sueño del 23 de enero.
La denuncia implacable Sin duda, la presión del pueblo y de la prensa (por medio del género periodístico de la caricatura) fue determinante en el desempeño de los partidos políticos en el año 1958. Sin embargo, a pesar del llamado a tregua y de la insistencia en la unidad programática, la competencia por la conquista del poder en medio de un gran cúmulo de doctrinas y estrategias no dejó de ser una realidad.
Este consenso se desmembró para luego darle paso a la instauración de una democracia representativa plenamente excluyente y que luego mutaría a un sistema bipartidista durante la segundad mitad del siglo XX. El humorismo y la caricatura,como ejes de la crítica periodística, estarán también presentes como medios de denuncia implacable.
LA CARICATURA Y SUS POTENCIALIDADES
Se define a la caricatura como una forma de sátira que critica a una persona, gobierno, institución o acontecimiento. De ahí que siempre haya estado relacionada a la denuncia. Hablar de este género en la Venezuela de 1958 nos remonta a apreciar a grandes caricaturistas como Sancho en su columna "Cartones de Sancho", Yepes en el diario La Esfera (Caracas) o "La Chispa de Hoy" del caricaturista Rivas en el diario Últimas Noticias (Caracas).
Dentro de la evolución del humorismo gráfico criollo durante el siglo XX, diversos artistas han evocado tanto a los personajes como a los contextos históricos determinados que repercutieron en la vida del venezolano común. En su función crítica, la caricatura es una interpretación y representación de la realidad o, en otras palabras, la voz de la opinión pública sobre un tema, hecho o personaje específico. Además de hacer reír, esta herramienta expresiva intenta realzar una posición pública —tendencia política del periódico o proyección generalizada de un sentir colectivo— destinada a la reflexión del lector sobre su entorno social.
Texto publicado en la Revista Memorias de Venezuela No.27


