lunes, 4 de abril de 2016

LA GRAN CONVENCIÓN DE OCAÑA DE 1828: Un último intento por salvar la Unión Colombiana (Texto publicado en la Revista Memorias de Venezuela No.8)

 
Ante la inminencia de un colapso político, el Congreso de la Gran Colombia, aceptando una propuesta avalada por el Libertador y Presidente Simón Bolívar, decidió convocar una Convención Extraordinaria con delegados de todos los departamentos de la Unión, a fin de acordar urgentemente una reforma constitucional. La Gran Convención de Ocaña, hace 188 años, sería el escenario de la radicalización irreversible de los partidos santanderista y bolivarista.

En 1821, cuando en la República de la Gran Colombia  fue proclamada la Constitución de Cúcuta, se generó descontento por la centralización que expresaban sus artículos; en lo sucesivo, comenzarían a manifestarse molestias en los diferentes territorios que componían la República.

Esta situación se convirtió en el motivo por el cual surgieron sentimientos de discordia entre sus principales líderes, muchos de ellos héroes de la Independencia. Desde este momento, y progresivamente durante los siguientes seis años, se fueron fortaleciendo dos posiciones encontradas en torno a la Constitución Grancolombiana, representadas respectivamente en Francisco de Paula Santander y en Simón Bolívar.

La fuerte parcialización fortaleció el nacimiento de dos bandos políticos en la segunda década del siglo XIX. Por un lado, el bolivariano, nucleado alrededor de la figura y el pensamiento del Libertador, cuyo norte era el establecimiento de un gobierno centralista y de unidad de las naciones americanas. Este grupo apoyaría la reforma a la Constitución de 1821. Por otro lado, el bando santanderista, enemigo y contradictor del Libertador, y seguidor del general Santander, apoyaba la instauración de un sistema federal en la República.

Uno de los más fuertes enfrentamientos vividos entre estos dos personajes giró en torno a la conveniencia de reformar la Constitución para remediar los “males” de la Nación. Por ello, el gobierno inició los trámites tendientes a convocar una Convención, enmarcada en la igualdad de las provincias de la República. Después de varios debates, el Congreso Nacional decretó que en la ciudad de Ocaña sesionarían los diputados que resultaran electos a la Convención.

El 9 de abril de 1828 fue inaugurada la Gran Convención de Ocaña con el discurso del ciudadano Francisco Soto. Fueron las rivalidades, los sarcasmos, las injurias, los choques y las discordias constantes entre los líderes integrantes de cada bando, lo que más contribuyó al fracaso de la Convención. El 10 de junio de 1828 ésta se disolvería sin lograr su cometido.

La Reforma Constitucional

Es bueno detenerse a mencionar las posibles causas que llevaron a que se reuniera de manera urgente y apresurada la Convención, pasando por encima del artículo de la Constitución de Cúcuta que colocaba un lapso de diez años para convocarla:
1. La rebelión de Páez y el proyecto separatista firmado en Guayaquil;
2. Las actas de oposición y quejas, escritas desde Venezuela, la Nueva Granada y Quito contra los mandatos de la Constitución de 1821;
3. La aparición de unos proyectos para establecer una monarquía, otros fomentando una dictadura, y uno proponiendo presidencias vitalicias y hereditarias para la Gran Colombia;
4. Las presiones de los periódicos adscritos a cada uno de los bandos políticos hicieron ver la necesidad de convocar la Gran Convención;
5. Y finalmente, la presencia de la idea de instaurar una Federación que permitiera una mayor autonomía de los territorios de la República, apoyada por el general Santander y sus partidarios.

Por otra parte, como principales motivaciones para llevar a cabo la reforma constitucional pueden mencionarse tres: La primera, se refiere básicamente a la ausencia constante del Libertador, pues durante este período sus adversarios o rivales, como Santander, aprovecharon para adquirir una poderosa influencia entre los miembros de las tres ramas del poder político de la República para lograr que apoyaran su idea de Federación. La segunda, se refiere fundamentalmente al reclamo que las diferentes provincias hacían al gobierno exigiendo mayor independencia administrativa; sus quejas se fundaban en la acusación de exceso de centralismo de la Carta constitucional de 1821, pues consideraban que les impedía gobernar.

Las pretensiones federalistas tenían su origen en los poderes locales y regionales de la Nueva Granada y Venezuela, y eran impulsadas por personajes como Santander, José Antonio Páez y Santiago Mariño. Estas fuerzas animaban la división y el fraccionamiento territorial y terminaron por provocar, después del fracaso de la Convención, el fin de la Gran Colombia en 1830. La tercera y última motivación fue la profundización de las diferencias entre los grancolombianos, agrupados en dos grandes grupos políticos: el bolivariano y el santanderista.

Cabe aclarar que también se hizo presente en la Gran Convención un grupo de diputados de diferentes regiones, quienes aparentemente se reconocían como los independientes. Sin embargo, sus acciones y decisiones demostraron, durante los dos meses de sesiones y debates, que siempre respondían según la conveniencia del momento. Entre ellos se pueden reconocer los señores Joaquín y Rafael Mosquera, Andrés Narvarte, Juan de Dios Aranzazu, los de la provincia de Antioquia y otros que se arrimaban según sus intereses particulares.

Acuerdos y desacuerdos frente a la Reforma
En un principio, cuando la discusión de los diferentes bandos giraba en torno a la conveniencia o no de realizar reformas a la Constitución de 1821, y aun cuando se trataba sólo de ideas, el mismo gobierno puso a consideración, a pesar de los contratiempos y las oposiciones, una iniciativa legislativa para que se discutieran los artículos 190 y 191 de la Constitución. En dichos artículos se indicaba los modos de proceder en caso de querer modificar el texto constitucional parcial o totalmente, y fue precisamente ese acto legislativo el que finalmente impulsó, entre los meses de junio y julio de 1827, la aprobación por parte del Congreso Nacional del reglamento que convocaba la Gran Convención. De este modo, se presentaron simultáneamente al Senado de la República dos proyectos de reforma a la Constitución de Cúcuta, los cuales finalmente fueron reunidos en uno solo, en el que se declaraba que la reforma constitucional debía ser total.

El resentimiento desatado por Santander contra Bolívar se hacía cada vez más público y directo. El Libertador ejercía la presidencia de la República de la Gran Colombia y se concentraba más que en la labor ejecutiva en la defensa de la Independencia de la República.

Situación que era aprovechada por Santander para desplegar sus manipulaciones en el poder, que lograban sobrepasar los límites de su jurisdicción como jefe del Poder Ejecutivo. La enemistad de Santander contra el Libertador se evidenció cuando arremetió contra el Congreso Nacional por haber accedido a la convocatoria de Convención el 7 de agosto de 1827. La idea de la Convención para reformar la Constitución estuvo apoyada en todo momento por Bolívar y sus partidarios, aun cuando se pasaba por alto el acuerdo constitucional que prohibía reformar la carta magna hasta pasados 10 años de su funcionamiento. Al respecto el bando santanderista siempre había mostrado su desacuerdo con cualquier intento de reforma constitucional.

Se necesitó muy poco tiempo para que Santander cambiara de opinión frente a la convocatoria de Convención, demostrando una vez más su oportunismo y ansia de poder. Iniciada la discusión en el Poder Legislativo, durante los meses de julio y agosto de 1827, Santander remitió solicitudes al Presidente del Senado para que fueran modificados los artículos del Reglamento de Convocatoria a la Convención de Ocaña que impedían al Presidente y Vicepresidente de la República la participación como diputados, y que además prohibían a ambos su presencia en la ciudad de Ocaña durante los días de la Gran Convención.

Finalmente, el 29 de agosto de 1827, el Senado y la Cámara de Representantes de la República publicaron la ley de Reglamento que debía seguirse en las elecciones de los diputados a la Convención de Ocaña, aplicando las observaciones que Santander tiempo atrás había sugerido. La estrategia de Santander era presionar, con su presencia y habilidad de engaño, a los diputados para que la reforma finalizara con la aprobación que le permitiera instaurar una república federalista. Con anterioridad a la instalación de la Convención, Santander tenía conocimiento de que el Libertador no se haría presente en la ciudad de Ocaña, pues lo consideraba inoportuno para el libre discurrir de la Convención. Bolívar prefirió durante este tiempo permanecer en la ciudad de Bucaramanga pendiente de las resoluciones que, según él, fortalecerían la continuidad de la Gran Colombia. La ausencia del Libertador sería aprovechada por Santander para imponer sus designios.

La batalla de los bandos
Después de llevarse a cabo las elecciones de los diputados a la Gran Convención, el resultado no favoreció en nada al partido que apoyaba a Bolívar. Sus enemigos comandados por Santander salieron favorecidos con el número de curules dentro de la Convención de Ocaña. La fuerte campaña desarrollada por los santanderistas, con mayoría en el Congreso Nacional, logró su objetivo al ganar el mayor número de cargos a diputados. A fin de cuentas, los numerosos pronunciamientos de Santander a favor de su candidatura y la de sus seguidores, publicados en los diferentes periódicos, tuvieron el efecto esperado.

La actitud honrada del Libertador y sus partidarios frente a las urnas contribuyó al resultado de las votaciones. Santander, por ejemplo, resultó electo en cinco provincias simultáneamente, algo bastante irregular. De modo similar actuaron otros diputados santanderistas como Vicente Azuero o Francisco Soto, quienes aparecieron punteando las listas en tres provincias. Por otra parte, al tiempo que se desarrollaban las elecciones para la Gran Convención, Bolívar tenía que atender asuntos de orden público desatados en Venezuela y el Perú, cuestiones que le merecieron su mayor atención en busca del restablecimiento de la tranquilidad en toda la República.

El día 10 de abril de 1828 se dio inicio a las sesiones de la Convención, donde se discutiría el futuro de la nación Grancolombiana. En este evento se visibilizaron las posiciones divergentes que existían entre los diputados, las cuales se manifestaban en comportamientos agresivos que perduraron hasta el final. 

Resulta significativo el hecho de que los diputados a la Convención estuvieron identificados en su mayoría con las ideas del Congreso de la República en 1827, que era mayoritariamente santanderista.

Durante los años de 1827 y 1828, en la República no se oyó discutir más que de convocar la Convención. De extremo a extremo del territorio el clamor era general. Pese a la importancia dada a la Convención de Ocaña, los odios desatados por los federalistas dirigidos por Santander permitieron que la división imperara, y contribuyeron a que después de dos meses de sesiones no se cumpliera con el cometido para el cual había sido convocada. La corriente divisionista y deshonesta, encabezada por Santander, triunfó a pesar de los esfuerzos del bando bolivariano, liderado por Bolívar desde Bucaramanga, para que la unidad permaneciera por encima  de los intereses partidistas. Quedaron demarcadas, entonces, las facciones políticas en que estuvo, hasta su fin, dividida la Convención de Ocaña. La facción Santanderista, contaba en la Convención con la presencia de su jefe principal, el general Santander, y la facción Bolivariana, que contaba con la presencia del Primer Presidente de la Convención, el señor José María del Castillo y Rada, así como con Joaquín José Gori, Francisco Aranda, entre otros.

El fin de la Convención

Todos los intentos de los bolivarianos por llegar a un acuerdo de reforma constitucional que no implicara la adopción del sistema federal, como era el deseo del bando santanderista, resultaron fallidos. Algunos de los asistentes concentraron sus esfuerzos en la aprobación de proyectos individuales o regionales, donde pedían manifestaciones de las autoridades, de los cabildos, del pueblo, del ejército, y solicitaban reformar las leyes en concordancia con las ideas del Libertador que habían influenciado la Convención.

Finalmente, pasados dos meses de infructuosas deliberaciones y contraposiciones, el bando bolivariano, dirigido por el diputado Castillo y Rada, se levantó retirándose definitivamente de la Convención. El 10 de junio de 1828 se declaró abiertamente su disolución, con la única asistencia de los santanderistas, y algunos de los llamados independientes, quienes, mediante un discurso público, manipularon la retirada de los bolivarianos, argumentando la grave falta que habían cometido al abandonar, sin autorización, la fracasada Convención de Ocaña.