Enrique Bernardo Núñez apunta: “La libertad sólo puede ser obra de un pueblo, esa fuente magní¬ca de historia”. Historia y pueblo es un binomio inseparable en esta celebración del Bicentenario que nos une como nación. En dos siglos hemos dibujado una ruta combativa, dejando en el terreno no solo el sudor y la sangre, sino la proyección de las verdaderas causas de nuestro sentir nacional.
Que la historiografía oficialhainvisivilizado sus etapas y sus protagonistas, es una verdad insoslayable hasta ahora. Frente a esto, debemos establecer otro relato: el insurgente, el que sea capaz de comprender y valorizar el sendero quehemos dejado como colectivo rebelde, digno, libre y soberano. El pueblo es protagonista de su propia historia. En la ruta estamos todos: los hombres y mujeres que combatieron al lado del temible Boves a partir de 1813, los “vándalos” y “pillos” que enfrentaron el proyecto republicano en 1827, los campesinos alzados exigiendo “Tierra y hombres libres” en Santa Inés en 1859, o los caudillos insurrectos que provenían del pueblo y combatieron al guzmanato a fi nes del siglo XIX. Igualmente, allí estuvieron, en el siglo XX, los valientes estudiantes que hicieron frente al despotismo gomero, los que en la clandestinidad guerrearon contra el pérezjimenismo en la década de los 50, los que desafiaron a la cúpula “democrática y representativa” desde la guerrilla en los 60, los que se revelaron al “paquetazo” neoliberal de 1989 y los que restablecieron en las calles el sueño de la revolución bolivariana en 2002. El pueblo en procura de la igualdad y la justicia.